Más
allá de la estética, el calzado es un
tema que puede llegar a obsesionar a los hombres y a
las mujeres. ¿Reflejan la personalidad? ¿El
poder? ¿El sexo? ¿Qué es lo que
más atrae? Psicólogos, sociólogos,
fabricantes y los mismos fanáticos analizan el
fenómeno. Además, las últimas novedades.
El zapato casual gana terreno, avanzan los diseños
innovadores y todos incorporan la tecnología
súper moderna de las zapatillas. Dime qué
calzas, y te diré cómo eres.
Usted
señora, no me diga que nunca le pasó.
Perderse en un sueño delante de la vidriera de
la zapatería y dejar volar la imaginación
hasta chocarse con el príncipe encantado, que
viene cabalgando desde el más allá para
devolverle su zapatito mágico. Y usted señor
no se haga el distraído. ¿Cuántas
horas pasó lustrando sus mocasines elegantes
hasta quedar negro de betún? y ni hablar de las
veces que se paró boquiabierto ante los diseños
de avanzada de las zapatillas. No se trata únicamente
de una cuestión de moda. Desde tiempos inmemorables,
el calzado ocupa un lugar destacado en el imaginario
colectivo: Cenicienta, los pies de loto orientales y
el fetichismo moderno dan cuenta de esta obsesión
por los zapatos.
Aunque a simple vista parezca un fenómeno alejado,
son muchas las personas de carne y hueso que comparten
la pasión por el calzado. Diarios y revistas
del mundo han dado cuenta de la amplia colección
de Imelda Marcos, viuda del ex presidente de Filipinas,
Ferdinand Marcos. Dicen que al destituir a su marido,
el gobierno contabilizó en su guardarropa 1.060
pares de zapatos, aunque hay quienes aseguran que esa
cifra es sólo un tercio de la cantidad que Imelda
atesoraba: 3.000 pares. Sin llegar a los miles de la
ex primera dama filipina, la actriz norteamericana Sarah
Jessica Parker (véase Cuatro amigas de novela)
cuenta en su haber con varios cientos de pares, aunque
no dice cuántos. Entre los nuestros también
hay “zapato adictos”. Susana Giménez
y Araceli González son dos fanáticas confesas
y el sector masculino tampoco se salva: Carlos “La
Mona” Jiménez colecciona botas de distintos
colores y alguna vez el carilindo Tomás Fonzi
admitió que los zapatos son lo primero que mira
en las señoritas.
Aunque el dinero juegue un papel importante, el amor
por el calzado no es exclusivo de ricos y famosos. Pía
Segura es periodista y se autodefine como “adicta
a los zapatos”. Entusiasmada cuenta: “Creo
que surgió cuando empecé a salir. Y fue
creciendo a medida que me los pude financiar sola. Por
suerte soy selectiva y no cualquiera tiene la dicha
de pertenecer a mi ropero”. Pía agrega
que nunca se puso a contarlos, pero que debe tener cerca
de 50 pares. Por supuesto, es lo primero que le mira
a la gente y jura que si tuviera crédito libre,
armaría un espacio dentro de su casa exclusivamente
para el calzado.
La pregunta del millón
¿Cuál es el motivo? Parecería haber
dos razones fundamentales: sexo y poder. Por más
crudo que suene, así lo explican los expertos.
“Existen ciertos objetos que producen un desplazamiento
de lo que tiene que ver con la sensualidad, como pueden
ser los pies o los zapatos. Sucede que esconde fuertes
raíces sexuales como ocultamiento de las diferencias
entre el hombre y la mujer. Se conecta por asociación
y hace de sustituto en el caso extremo del fetichismo.
Pero, además, tiene que ver con la identidad
y la necesidad de mostrar un haber. Cuantos más
zapatos tengo, más hay”, razona la licenciada
Evangelina Grapsas, directora de la Asociación
Psicólogos y Psiquiatras de Buenos Aires. Susana
Saulquin, socióloga especializada en moda, coincide.
“La atracción que generan está relacionada
con lo sexual, por eso es tan fuerte. En general, la
forma del zapato tiene una parte cóncava y otra
convexa, que representan lo femenino y lo masculino
respectivamente. Cumple la rara función de reunir
las características de ambos porque toma y a
la vez es punta”, dice. Y agrega: “Creo
que así como la ropa interior denota la autoestima,
la vestimenta tu relación con el prójimo
y los sombreros, el narcisismo, los zapatos significan
poder porque es el lugar donde vos pisás. Marcan
tu manera de enfrentar el mundo. Desde la época
de la Edad Media, en la que usaban esos zapatos largos
con punta o el broccato en la época de la Revolución
Francesa. Una vez un estafador me dijo: ‘las mujeres
tienen que cuidar hacerse las uñas como los hombres
usar buenos zapatos. Para estafar bien, tenés
que tener los zapatos adecuados’. Y esto define
hasta qué punto el zapato define qué lugar
ocupás en la vida”.
Los zapatos
hablan
Lo dice el saber popular: el zapato habla de la personalidad.
“Los hombres muy sensuales suelen usar zapatos
más bien en punta, y generalmente de gamuza.
Los varones sólidos, materialistas, eligen la
suela de goma y la horma ancha. Las mujeres sexies lucen
tacos altos. Las prácticas, chatitas o zapatillas”,
ejemplifica Saulquin. Y basta con recurrir al propio
ropero o al de los seres cercanos para comprobarlo.
Carmelo Tenuta, al frente de las zapaterías Lonté
desde hace casi 30 años, también hace
su aporte: “El zapato es un accesorio importantísimo
porque es la terminación de lo que se lleva puesto.
Pero además es un objeto estético en sí
mismo. Tiene forma, volumen, color y textura. Emana
una vibración que atrapa a la persona que lo
está mirando”, dice el hombre que durante
16 años vistió los pies de la diva Susana
Giménez y cuyos diseños lograron impresionar
a Liza Minnelli. Confirmando que es una gran entendida
en el tema, Segura reflexiona: “Puedo usar zapatos
de diferentes colores, formas o estilos. Lo importante
es la actitud frente a ellos. Saber llevarlos, caminarlos
bien”.
Y hay más. Entre hombres y mujeres, también
difiere la conducta a la hora de elegir calzado. “La
mujer mira, se prueba, busca cosas nuevas. En cambio
el hombre es más rutinario, repite el modelo.
De hecho, la mayoría de las veces ni siquiera
miran las novedades. Llegan al mostrador con el código
del zapato que usan habitualmente y lo llevan sin probar.
Hay un modelo que nosotros llamamos el abotinado picado
negro, para traje, que es un clásico, nunca pudimos
cambiarlo. Históricamente es el que más
se vende”, cuenta Teresa Hara, gerente de la división
minoristas de Grimoldi, una firma que nació a
fines del 1800 en el taller del inmigrante italiano
Tomás Grimoldi y que luego se convertiría
en la cadena de zapatos más conocida de la mano
de sus hijos Alberto, Enrique y Luis.
Una evolución
constante
Hace apenas 50 años hicieron su entrada triunfal
al maravilloso mundo de la moda los tacones aguja. Sí,
sí. Esos que maltratan a las señoras en
su intento por estar más bellas y que han quitado
el sueño a más de un caballero. Es que,
como expone Tenuta, “el taco alto forma la pierna,
acomoda la postura corporal. Lleva a las mujeres a verse
y sentirse mucho más lindas”. Sin embargo,
el diseño y la tecnología evolucionan
a pasos agigantados, los clásicos zapatos fueron
haciendo lugar a las modernas zapatillas, y a una nueva
categoría, el calzado casual, que se usa a toda
hora.
“Mientras la juventud fue sinónimo de poder,
es decir, desde la década del ´60 hasta
el atentado a las Torres Gemelas, vivimos en una cultura
de masas en la que ser joven era ‘lo más’.
En este momento que vuelve lo sofisticado, lo más
importante es tener personalidad, y tanto zapatos como
zapatillas van a tener que marcarlo”, analiza
Saulquin, y esto se comprueba en la vidriera de cualquier
casa de deportes o zapatería moderna. Por su
parte, Hara menciona la búsqueda del equilibrio
entre diseño y confort. “Una moda que pueda
ser usable”, dice. A su lado, Mariela Domínguez,
encargada de merchandising para la misma división
de Grimoldi agrega: “El avance de lo deportivo
sobre todas las líneas llevó a que los
calzados tanto de hombres como de mujeres se adapten.
Toda la tecnología deportiva se utiliza para
fabricar el zapato casual”. Y Hara apunta: “A
través de los materiales, el tipo de plantilla,
los cueros, buscamos que nuestros modelos tengan la
misma performance al de las zapatillas”.
Según lo definen en Merrell, una línea
que llegó al país hace cuatro años,
“diseñamos y construimos los modelos para
todas aquellas personas que reconocen al outdoors como
un estilo de vida. Son productos que buscan unificar
el confort tanto para disfrutarlo en cualquier actividad
al aire libre como en un día urbano. Pero además,
incorporamos el concepto del After Sport (después
del deporte). Un calzado apropiado para brindar la comodidad
necesaria después de un día de actividad
extrema”.
A escala más pequeña, la joven diseñadora
Roxana Llorián comparte el concepto de la multifunción.
A puro ingenio, creó un modelo de zapatilla que
se adapta a cualquier circunstancia y que viene a ser
la “alpargata” de nuestro siglo. Desde el
living de su casa –ahora devenido taller y donde
trabaja desde hace unos meses con su mamá Viviana
y su hermana Melisa– cuenta: “Quería
hacer algo que fuera canchero, moderno y cómodo.
Por eso elegí un material parecido al neoprene
y utilizamos líneas muy simples al diseñarlo.
No es algo recargado. Y aunque lo hice pensando en la
gente joven, lo cierto es que tengo clientes de todas
las edades. Me gustaría que con el tiempo se
transforme en un clásico”.
Ahora los obsesivos pueden sumar una nueva adicción.
Ir por la vida descubriendo intimidades a través
del calzado de cuanta persona se cruce en su camino.
Dime qué zapatos usas...