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La
tranquilidad de la playa
La costa argentina es mucho más que los clásicos
Mar del Plata, Pinamar y Villa Gesell. Si se busca tranquilidad,
la mejor opción es Mar Azul. Vecino de Mar de
las Pampas (en la RN 11, a 12 km de Villa Gesell), este
destino aún conserva la calma de lo que fue Cariló
en sus primeros años, con sus cabañitas
con detalles en madera, bosques y caminos de tierra.
Cerca de allí, sorprende la Reserva Dunícola,
son kilómetros interminables de médanos
y playas vírgenes. Entre pinos y acacias, se
esconde el Faro Querandí. Vale la pena subir
los 276 escalones para obtener una de las mejores postales
de los alrededores. Se puede llegar por la playa o en
vehículos de doble tracción. Es mejor
ir siempre con guía, porque, como el paisaje
es muy parejo, es fácil perderse. En la playa,
hay diversión asegurada para toda la familia:
bodyboard en el mar y sandboard en los médanos,
cabalgatas y salidas de pesca.
Existe un mito difundido de que en la costa del Atlántico,
el mar es tan frío que cuesta animarse a un chapuzón.
Pero hay un rincón, a orillas del Golfo San Matías,
donde las aguas son cálidas, ideales para disfrutar
de la playa en los días de calor. Las Grutas,
en Río Negro (en la RN 3, a 178 km de Viedma),
se diferencia del resto de las playas del país
por sus finas arenas y por el imponente marco que dan
los acantilados que fueron tallando las olas con el
paso de los años. Cerca de ahí, a 60 km
hacia el sur, se encuentra la Salina del Gualicho, la
más grande del país, que está a
72 metros debajo del nivel del mar. Desert Tracks lo
lleva en cuatriciclos, para que disfrute al aire libre.
La salida dura hasta la medianoche, y gracias a un telescopio
se pueden ver los cráteres de la Luna.
Calidez
patagónica
La Patagonia argentina es un destino elegido por millones
de viajeros de todo el mundo, en busca de los imponentes
paisajes de lago y montaña, y la calma de los
pueblos y su gente. En un hermoso valle, rodeada de
montañas de 2.000 metros, se esconde Esquel,
una ciudad de casi 100 años, fuente inagotable
de atractivos turísticos culturales y al aire
libre. A 45 kilómetros está el Parque
Nacional Los Alerces, puerta de entrada a los catorce
lagos, media docena de ríos y numerosos arroyos
y lagunas que forman la cuenca del río Futaleufú.
De noche, sorprende la magia del lugar, con el silencio
de la inmensidad, casi intimidante. Desde La chacra
Los Alamos, llevan a recorrerla a caballo, bajo la luz
de la luna. De día, se puede disfrutar de las
vistas al Cerro Nahuel Pan y al Cerro Esquel. La excursión
más importante en este Parque es la salida por
el lago al Alerzal Milenario.
Es difícil poner palabras a la maravillosa experiencia
de conocer los glaciares. Cualquiera sea la forma elegida
para hacerlo, su magnificencia se disfruta a través
de los cinco sentidos: esa inmensidad de hielo está
viva y acceder a ellos, resulta más sencillo
de lo que parece. El primer paso es llegar hasta la
ciudad de El Calafate, en Santa Cruz, un destino impactante
en cualquier momento del año. Y luego elegir
alguna de las excursiones que empiezan en el Parque
Nacional Los Glaciares (existe un servicio de “transfers”
que pasa a buscar a los turistas por todos los alojamientos).
La empresa Fernández Campbell organiza navegaciones
que incluyen los glaciares Upsala, Onelli y Spegazzini.
También está la posibilidad de caminar
sobre el glaciar Perito Moreno en el minitrekking de
Hielo y Aventura (es fundamental llevar zapatillas o
botas apropiadas y ropa cómoda, abrigada e impermeable).
Un programa interesante para la familia es la visita
a El Galpón, una estancia tradicional en la que
ofrecen demostraciones de esquila y arreo de ovejas,
con posterior cena tradicional y show folclórico;
o las salidas de pesca por los lagos Roca, Argentino,
Viedma o Rico con el equipo de Calafate Fishing. Hay
alojamientos para todos, desde el clásico albergue,
como el Lago Argentino; hasta hoteles cuatro estrellas,
como la Posada Los Alamos. Una de las líneas
aéreas que vuelan es LADE, sus tarifas tienen
un 20% de descuento para estudiantes, jubilados y residentes
y además, ofrecen planes familiares con descuentos.
En el norte
Hay ciertos lugares del Noroeste Argentino, dotados
de un microclima y bañados por distintos cursos
de agua que invitan al rélax. Tal es el caso
de San Lorenzo, a 15 minutos de Salta Capital, y Tafí
del Valle y Villa Nogués, cerca de San Miguel
de Tucumán. Sus ríos y embalses, senderos
entre abundante vegetación y cerros, son ideales
para las actividades al aire libre, como cabalgatas,
trekkings y pesca.
Pura
aventura
¿Alguna vez pensó que podría bucear
en altura? En Las Leñas, Mendoza, en dos lagunas
de Alta Montaña, es posible explorar el mundo
submarino, y no hace falta ser un experto. En la Niña
Encantada, un pequeño ojo de agua cristalina
y abundante vegetación, entre las rocas, se pueden
observar truchas y peces de colores. Y la Laguna de
Valle Hermoso, en un entorno natural único, es
perfecta para que los buzos con más experiencia,
exploren las formaciones cavernarias bajo el agua. Pero
hay más aventura, el paseo Lodge de Alta Montaña,
es perfecto para quienes quieren perderse en la montaña,
sin abandonar el confort. Son cuatro días a caballo
entre nieves eternas, senderos, cuevas y ríos,
en el más absoluto lujo: llevan carpa restorán,
duchas con agua caliente y luz eléctrica. Pero
si se prefiere actividad de día y una cama de
noche, pueden contratar el paquete de Multiaventura
(Nuestra Tierra), con alojamiento en el Club Hotel Hualum.
Incluye salidas de mountain bike, trekking, rappel,
tirolesa, escalada y rafting.
Cabalgar de día y dormir a un paso de las estrellas,
es una experiencia única para llegar al corazón
de la Cordillera en San Martín de los Andes.
Active Argentina ofrece un paquete de cuatro días,
que recorre bosques, siempre custodiados por el Volcán
Lanín y rodeados de lagos y ríos cordilleranos.
De noche, campamento en la montaña, previo fogón,
charlas y asado. El programa recorre la Estancia San
Pedro, un lugar exclusivo entre los ríos Currhue
y Chimehuín, y en partes dentro del Parque Nacional
Lanín. No es raro encontrar en el camino ciervos
y jabalíes salvajes. De despedida hay rafting
en el Río Aluminé, uno de los mejores
ríos de aguas blancas para esta actividad, gracias
al increíble desnivel y el volumen de agua.
Parece insólito que el paisaje del Delta, con
toda su paleta de colores, esté tan cerca de
la Capital Federal. Verdes, marrones, amarillos, se
mezclan con la quietud del aire en La Casa La Real,
un antiguo y robusto galpón de 200 m, convertido
en vivienda, queda en la confluencia del Río
Carapachay y el Arroyo Gallo Fiambre, a quince minutos
de lancha desde la Estación Tigre. Del establecimiento,
organizan trekkings para recorrer la isla y descubrir
cómo viven los isleños, y visitar la antigua
fábrica de Sidra Real. En los safaris fotográficos,
los aficionados a las cámaras y lentes pueden
perderse entre la naturaleza. No hace falta saber mucho:
el guía es fotógrafo profesional y los
asesora en la salida. Navegaciones en lancha, buena
atención y exquisitos platos completan el menú.
Entre
las sierras
En el centro del país, lo mejor es descubrir
el corazón de las sierras a caballo o caminando,
para entrar en contacto directo con la naturaleza. Trekkings
por senderos prehistóricos o los filos de inmensas
paredes de piedra roja sedimentaria gastada durante
años, en los Terrones de la Quebrada de la Luna,
regalan unas increíbles vistas difíciles
de encontrar en otro lugar. Se puede hacer base en la
Estancia Dos Lunas, que invita a disfrutar del campo,
los cerros y la tranquilidad en el Alto Ongamira, a
120 km de Córdoba capital. Allí, las opciones
no se agotan: desde cabalgatas de un par de horas, hasta
de varios días, entre las sierras. Cerca de Dos
Lunas, pueden buscar el viento en Cuchi Corral y animarse
a un vuelo en parapente, o elegir algo cultural y visitar
el Convento Jesuita de Santa Catalina. Mar o montaña,
aventura o descanso, tranquilidad y buena gastronomía.
Los paisajes de la Argentina regalan vacaciones a medida
para todos los gustos.

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