En
una esquina de barracas, se encuentra el mercado de
las flores. Alli, al amanecer, van a proveerse las florerias
de buenos aires.
y tambien aquellos que quieren conocer la trastienda
de este gran mercado.
Entre
flores y perfumes
Son
las nueve y media de la noche en Barracas. Los fleteros
ya han terminado su recorrido por las chacras y
los cultivos diseminados en la periferia de la Ciudad
de Buenos Aires, arrimándose hasta las tranqueras
y cargando la mercadería. Ahora, repletos
de flores, sus camiones esperan. Recién a
la medianoche se abrirán las puertas del
Mercado y empezará la descarga, hecha por
abnegados changadores. Tienen tiempo hasta las seis
de la mañana, –cuando los compradores
ingresan a abastecerse de flores–, para repartir
los cientos de canastos. Cada uno con un número
de socio que corresponde a un puesto en el Mercado.
Ese solo dato alcanza para garantizar el reparto
eficaz de las flores: los changadores saben perfectamente
quién es quién. Todos se conocen:
el mundo de la floricultura porteña se concentra
aquí en el Mercado de las Flores de la Ciudad
de Buenos Aires, los lunes, los miércoles
y los viernes de todo el año.
Al amanecer, los compradores comienzan a juntarse
en las puertas. Llegar primero tiene su recompensa
y eso, los que conocen el mercado, lo saben. A mayor
oferta, mejor calidad y precio. Y aquí las
leyes del mercado son inexorables: a medida que
va disminuyendo la cantidad de flores ofrecidas,
el precio se va incrementando.
Esta escena se desarrolla en un enorme predio
en Barracas, a 5 minutos de la estación
Constitución. Hace casi un año el
mercado se mudó a ésta, su tercera
ubicación en más de medio siglo
de historia. En un principio esta actividad se
concentraba en la Recova de Retiro. Ahí
vendían las flores en la calle grupos mínimos
de inmigrantes, con tachos en las esquinas o canastos
en la vereda. No existían las florerías.
En los años ‘40 son los inmigrantes
japoneses quienes toman la iniciativa. Y para
no tener que vender más en la calle deciden
armar un mercado de flores. Para ello, establecen
una sociedad cuyos miembros eran todos de origen
japonés, pero por una disposición
de la época se ven obligados a incorporar
a los inmigrantes latinos (españoles e
italianos) dentro del proyecto. Así se
forma la Cooperativa Argentina de Floricultores
que funcionaría por años en el tradicional
galpón de Corrientes y Acuña de
Figueroa. Y según cuentan los que conocen
esta historia, la Cooperativa acabó combinando
lo metódico y artesanal de los japoneses
con el espíritu comercial de italianos
y españoles.
Flores,
modas y otras hierbas
En su larga historia, el Mercado no fue ajeno
a los dictámenes de las modas. Allá
lejos y hace tiempo el, 90% de lo que se vendía
iba para cementerios, y sólo el 10% restante
quedaba para los enamorados o para alguna fiesta.
Hoy, esta proporción casi se ha invertido.
Es más, la cala, que desde siempre se asoció
a las coronas fúnebres, ahora está
de moda y es una de las preferidas para adornar
festejos. Su lugar en el cementerio lo ocupa el
crisantemo. Actualmente, incluso, se regalan flores
a los varones y también entre los amigos.
Lo exótico también es parte de esta
nueva moda: debido a la demanda casi no se encuentra
la estrelicia o ave del paraíso, de color
blanco y corola violeta, en varas de 70 a 80 centímetros
de alto. Y también son muy buscadas las
heliconias, originarias de la selva al igual que
las orquídeas. De estas últimas
existen unas 50 variedades dando vueltas en el
mercado, y como su recolección de la planta
en estado natural está vedada (la orquídea
es una especie vegetal protegida), todas las que
se ofrecen son de cultivo artificial. Del mismo
modo, hay una muy buena oferta de plantas vivas,
las que se conocen como plantas de interior. Si
la curiosidad está “a flor de piel”
este es un buen lugar para conectarse con plantas
vivas, bulbos, flores, semillas, plantines. Conversando
con los puesteros y los compradores, con paciencia
y sutileza, uno puede ir aprendiendo a valorar
y distinguir la diversidad y la estética
del mundo de flores y plantas, tanto en lo típico
como en lo exótico.
Y es mucho más lo que se puede descubrir
en este pabellón de aromas y colores. En
el mercado se encuentran unas 200 variedades de
flores. Y la globalización mucho tuvo que
ver en esto. En los años ‘90 se incorporó
el 90% de las variedades que están a la
venta. Por ejemplo, antes se ofrecían esencialmente
tres variedades de rosas; hoy hay más de
setenta, entre las astromelias, la garberas, los
diferentes tipos de SanVicente, las fresias, el
lilium y las azucenas. Y esta gran variedad no
desplaza lo clásico, ya que ningún
ramo de flores que se precie de elegante puede
prescindir de elementos que den un toque de verde
a la composición. En la jerga, a estos
ornamentos se los denomina follaje, y son indispensables
para cualquier florista. Como el helecho de la
sierra, que, como el pan, se necesita todos los
días. En general, todo en el Mercado está
distribuido para que el comprador camine y pueda
elegir tranquilo su materia prima —la flor,
el follaje, la planta, el helecho—. La oferta
abarca prácticamente toda la demanda de
los floristas.
Quizás la mayor sorpresa para quien explora
por primera vez el mundo de la producción,
distribución y venta de flores, es que
son casi exclusivamente hombres quienes cuidan,
miman… y, cómo no, hablan con las
flores. Será quizás por el horario
de madrugada, por el rigor de los cultivos, por
el arrastre de los canastos o el manejo del camión.
Puede ser la suma de estos y muchos otros factores,
pero lo real es que en este lugar los hombres
son los dueños y señores de las
flores y de las plantas. Cualquiera asociaría
a las mujeres con esta actividad, pero está
claro que, por lo menos aquí, el cuidado
de las flores es cosa de hombres.