Si creáramos conversaciones ficticias, uno podría imaginarse a Gustavo Bernstein, autor del libro La patria peregrina, diciendo que “la patria es un espejismo en el desierto. Estamos condenados a poblar esa ficción o a morar para siempre en el destierro”. Y a Borges contestándole que “la patria no es nadie o somos todos”, como expuso en su poema conmemorativo del sesquicentenario de la Independencia, escrito en 1966.
Con una sola palabra, de tan solo seis letras, se puede provocar, quizás, uno de los más apasionantes y polémicos debates: ¿Qué entendemos por patriaú ¿El país donde uno nació o donde uno resideú ¿La banderaú ¿El himnoú ¿San Martín, Belgranoú “La patria tiene que ver con el arraigo, la tierra de los padres. Es algo que se vive, pero que también se lleva adentro”, se suma a la discusión Rosendo Fraga, director del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría. El escritor Daniel Balmaceda aporta lo suyo: “Es esa palabra mágica que despierta nuestra pasión. Está muy relacionada con nuestro pasado, con nuestros abuelos y bisabuelos, con nuestra identidad y nuestros valores. Simboliza a los tiempos más románticos de nuestra historia”.
La Real Academia Española define a la patria como la “tierra natal o adoptiva ordenada como nación, a la que se siente ligado el ser humano por vínculos jurídicos, históricos y afectivos” y como “el lugar, ciudad o país en que se ha nacido” (a diferencia de la República, a la que se refiere como una “organización del Estado cuya máxima autoridad es elegida por los ciudadanos o por el Parlamento para un período determinado”).
Sin embargo, habrá que remontarse varios siglos atrás para encontrar el origen de la palabra. “Etimológicamente, viene del latín, está ligada a ‘pater’, que tiene que ver con un sentido de paternidad, y, por lo tanto, de filiación”, explica Pacho O´Donnell, autor de los libros Historias argentinas, Las patrias lejanas y Teatro. “Un derivado de esto es ‘compatriota’: hijo del mismo padre. Por lo tanto, un compatriota es un hermano”.
De cualquier manera, sería un ejercicio harto dificultoso concluir en un único significado. El historiador José Ignacio García Hamilton sostiene que “para algunos, la patria es el territorio. Para mí es la libertad, la tolerancia. Los antiguos decían ‘ubi bene, ubi patria’, es decir, allí donde estoy bien, esa es mi patria”.
¿Cómo vivimos la patria?
La percepción pública no es muy alentadora si se repara en los resultados que arrojó un informe realizado por la Universidad de Ciencias Sociales y Empresariales (UCES), junto con la consultora licenciada Analía Viviana Alvarez. Allí puede apreciarse que el 30% de los encuestados no se siente identificado con la patria. ¿Las causasú La falta de educación y de inteligencia para el desarrollo del país, y la inseguridad social y jurídica. Además, el estudio afirma que el ciudadano argentino ya no demuestra el sentimiento a la patria al festejar fechas especiales –25 de mayo, 20 de junio, 9 de julio–, sino a través de manifestaciones sociales y de la participación política en actos donde defienden sus intereses individuales y grupales.
“Cuando abordamos cuestiones cívicas o políticas, caemos en las divisiones entre nosotros”, sentencia el Dr. Alejandro Grimson, Investigador del conicet y de la Universidad Nacional de San Martín. “Hay una concepción que data del siglo xix, y que atravesó también el siglo xx, que se basa en que la patria es sólo una parte de los argentinos, el resto sería la antipatria. ¿Qué quiero decirú Que siempre hubo divisiones persistentes entre los argentinos, pero esto es algo que no sucede así en todos los países. Lamentablemente, no nos generan sentimientos tan arraigados por el país los problemas territoriales, los naturales, los de las empresas públicas o los de los recursos estratégicos que no se pueden reponer”.
En la misma línea, Rosendo Fraga argumenta que en el gen argentino el afecto por la patria es de carácter ciclotímico (O´Donnell prefiere describirlo como delgado, escaso). “Como en otras situaciones, suele pasarse de la euforia a la depresión. Hay momentos en que los argentinos se dejan llevar por una explosión patriótica, para después pensar que su país es un fracaso y una frustración constante. Nos falta equilibrio y madurez para asumir, neutralizar o atenuar nuestros defectos”. “La comprensión entre unos y otros debería unirnos y fortalecernos”, propone O´Donnell en la búsqueda de un horizonte.
El afuera, el fútbol, los habitos...
¿Abrimos el espectroú Es que resulta interesante saber qué entienden por patria otros países, y compararlo con la Argentina. “Al realizar un estudio, pude comprobar que, por ejemplo, los brasileños tienen mayor identificación con su país que nosotros”, especifica Grimson. “En esa investigación se le mostraba la bandera de su país a un brasileño y a un argentino, y le preguntábamos qué sentían. El primero contestó: ‘Amor a mi patria’. El segundo: ‘Me hace acordar a la escuela’. Asimismo, les pedimos que mencionaran cuáles eran para ellos los símbolos de su país. El brasileño respondió: ‘La bandera, o el color verdeamarelo’. El argentino: ‘Evita, San Martín y Maradona, pero no por lo que hicieron, sino por sus finales trágicos’. ¿Por qué pasa estoú Es que entre los argentinos y la Argentina hay una distancia que se produjo, sobre todo, en los últimos años, a causa de una historia complicada, represiva y aventurera entre el Estado y la sociedad”.
Por otro lado, O´Donnell analiza que, en la actualidad, sentirnos “todos argentinos” depende (casi) exclusivamente de las competiciones deportivas. “La camiseta de fútbol del seleccionado habría que incorporarla como un distintivo nacional. Y esto lo observo como un fenómeno cada vez más respetable, sobre todo si tenemos en cuenta que, desde nuestra dirigencia política y pública, existe muy poco respeto hacia aquello que está ligado a nuestras raíces más profundas. Esto se hace notorio en el descuido de las fechas patrias”.
Los especialistas concuerdan en dejar de lado los hábitos que no hacen honor a la patria, como el egoísmo social, el desprecio de lo propio, la negación de la historia y de la tradición. Estos deben ser reemplazados, entre otras cosas, por el cumplimiento de las reglas, el ser respetuoso de las libertades y el ponerse al servicio de los demás.
Camino al Bicentenario
“Los argentinos solemos decir que no tenemos identidad. Pero somos los únicos que sostenemos eso. Para los extranjeros, somos fácilmente identificables con respecto al resto de los países sudamericanos. El problema es que somos Borges –el escritor latinoamericano de cultura más universal– y Maradona –el ídolo popular amoral–. Lo difícil de comprender es que somos ambas cosas a la vez, y que somos un pueblo complejo, ambiguo y contradictorio”, diagnostica Fraga.
Para Grimson, el reconocerse es un excelente primer paso para incentivar el amor por la patria. “Hay que construir una nueva percepción alrededor de la pregunta ‘¿qué somosú’. Debemos moldear un imaginario colectivo más matizado, ya que, o nos creemos ‘los mejores’, ‘el granero del mundo’, ‘el país mas alfabetizado’ o somos los únicos a los que nos pasan los desastres. Aquí, los sentimientos patrióticos se extienden desde la soberbia hasta la autodenigración. Para desarrollar un real sentimiento para con la patria, tiene que haber un Estado que piense, a largo plazo, en la inclusión de los distintos actores y sectores de la sociedad”.
El Bicentenario argentino está allí, a la vuelta de la esquina. Por ese motivo, para García Hamilton sería conveniente exaltar los valores positivos de nuestra patria y promover principios universales como la paz y la convivencia civilizada. Por su parte, Grimson es crítico: “Habría que desarmar nuestra cultura política contemporánea y la manera en que afrontamos los conflictos sociales. Hay que deshacer las divisiones históricas y exacerbadas, salir del ciclo corto y pensarnos 25, 30 años hacia adelante. Es necesario generar consensos y apostar por una justa distribución de la riqueza, y una mayor igualdad”.
Para concluir, O´Donnell subraya lo imperioso de fomentar un profundo sentimiento nacional, ya que a una Nación, sí o sí, se debe pertenecer orgullosamente. “Tenemos que sentirnos hermanos y compatriotas, y confraternizar unos con otros, ya que compartimos un lenguaje, un pasado, un presente y un futuro. Hay que mentalizarnos con que todos somos parte de un mismo proyecto, de un mismo equipo que tira para el mismo lado. Mientras más unidos estemos, mejor nos irá”.
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