Entrevista
“No disfruto de la fama”  
 
Buen jefe, buen compañero


Los primeros pasos de Valeria en TV fueron en Pol-ka, la productora de Adrián Suar. "Siempre me sentí muy cómoda trabajando con Adrián como productor. Me acuerdo de que el día anterior a mi primera jornada de grabación, no tenía ni idea qué hacer, fui a hablar con él y me dijo 'Hace lo que quieras, lo que mejor te salga, que va a estar genial'. Es algo que me quedó grabado, una gran ayuda", afirma Valeria. El tiempo pasó y según cuenta la historia, cuando el director Juan Taratuto y Suar empezaron a trabajar en el proyecto de Un novio para mi mujer, fue el dueño de Pol-ka el que rápidamente pensó en Valeria para el papel de su esposa en el film. "Es la primera vez que trabajamos juntos como actores. Tuvimos mucha química, creo que los dos lo hicimos desde un lugar muy desprejuiciado. Jamás lo vi como 'el' productor. Para mí fue alguien a quien yo podía llamar por teléfono durante el rodaje para ponernos de acuerdo en qué hacer y que no. Me encanta lo que hizo Adrián en esta película", concluye.
 
 
 
Valeria Bertucelli tiene en su haber cerca de 15 películas, se aleja de la TV porque se cansó de que la llamaran "chica rara" y asegura que lo que más ama en la vida es estar con sus hijos y su marido, Vicentico. La ahora esposa de Adrián Suar en Un novio para mi mujer habla, y cuando habla, también dice.

Cualquier imagen (tal vez distante, algo antipática o tímida) que uno pueda tener de Valeria Bertucelli (38) se desvanece por completo con tan sólo compartir un rato con ella. Mientras se alista para la nota en un hotel boutique ubicado en el barrio porteño de Palermo, la actriz y esposa de Vicentico habla y actúa las bondades del producto cosmético que está usando para darle color a su boca. Cuenta que el tema de Cristian Castro que canta en la película fue propuesto por ella porque le divierte mucho el cantante mexicano. Asegura que cuanto más le dicen que se ría para las fotos, más seria se pone y no por capricho, sino porque no le sale. Y hasta se anima a jugar, se divierte, se la ve dispuesta. Muy dispuesta. Y eso es raro en las celebrities.
-¿Es cierto que de chica eras fanática de las telenovelas?
-Sí, de las de Andrea del Boca, pero mis padres no me dejaban verlas porque no les parecían buenas. Después, de más grande, cuando tuve libertad de acción, me las vi todas. Había una brasilera con Sonia Braga que me encantaba. ¡Ah! Y las de Verónica Castro también.
-¿Qué te enganchaba tanto?
-Creo que de chica me gustaba meterme en ese mundo de pasiones encontradas, y cuando me hice más grande me parecían súper bizarras y eso me divertía. Me acuerdo de que cuando hice el viaje de egresados de séptimo grado a Buenos Aires (N. del R.: Vivía en San Nicolás, provincia de Buenos Aires), una de las visitas fue a Canal 7. Yo estaba como loca con los decorados y, de repente, vi un busto que aparecía siempre en una novela de Raúl Taibo -me parece que él hacía de escultor o algo así- y le pegué un chicle pensando: "mañana te voy a ver por la tele". (Risas).
-¿Te imaginabas en ese momento que ibas a trabajar en la televisión?
-¡No, nada! Yo estudiaba danza clásica, mi infancia y adolescencia eran mucho de escribir y taller literario.
-¿La travesura del chicle era una conducta habitual?
-No, cero, dicen todos que yo era re buenita de chica, pero ahora me doy cuenta de que yo tenía algo con los chicles. Una vez, salí a pasear con mi papá y con la que en ese momento era su segunda mujer -alguien a quien yo detestaba-, y cuando me bajé del auto para despedirme, la abracé, me saqué el chicle de la boca y se lo pegué en el pelo.
-¿Ser hija de padres separados te marcó a la hora de armar tu propia historia?
-No... No sé... Yo me pongo feliz y me sorprendo mucho de la familia que logré armar. Nunca renegué del matrimonio, no era de las "a mí no me agarran ni loca", pero no imaginaba la familia que tengo. Estoy muy orgullosa de eso. No hay nada que me guste más que estar con mis hijos y mi marido.
-¿Esa gran química familiar se da naturalmente o es un trabajo diario?
-En mi caso, fluye y nace. De hecho cuando me preguntan cuánto hace que estoy casada, ahí me doy cuenta de que llevo mucho años de matrimonio. Además con Gabriel ni festejamos los aniversarios, porque no sabemos bien cuándo empezamos con esta historia. (Risas).
-¿Podrías calificarte en tu rol de madre?
-(Piensa). Es re difícil contestar esa pregunta. Creo que soy cada vez menos temerosa. Cuando nació Florián, yo tenía 24 años y muchos miedos como madre. Ahora con Vicente, que tiene un año y medio, me siento más relajada, más madura, con más experiencia.
-¿Cómo es tener un preadolescente en casa?
-Contestatario, pero, a la vez, manejable y re disfrutable. Pienso que más allá de que uno intente ser un buen padre, está bueno que los hijos tengan algo contra lo que rebelarse. Los padres somos el primer ensayo de confrontación.
-¿Qué cosas estás repitiendo de tu mamá?
-Por suerte tengo una alarma interna que suena cada vez que estoy por hacer algo que prometí que no repetiría de mi madre. Hay otras que son universales, como el "nene, abrígate bien", pero jamás le diría a mi hijo: "viste, yo te dije". Me parece una sentencia horrible, está bueno dejar que pruebe y se equivoque. Es lógico que con 38 años me de cuenta antes que él de que va a pifiarla, pero igual tiene que hacer ese camino.

Sólo en cines
-¿Ser casi en exclusiva una actriz de cine fue algo buscado?
-No, no lo busqué. Es más, desde que empecé a estudiar actuación siempre creí que sólo iba a hacer teatro. La tele fue una casualidad. Yo estaba escribiendo algo con Atilio Veronelli y Gustavo Bellati, y justo Veronelli estaba haciendo un programa piloto para Suar y me metió ahí. Después me lo presentó a Adrián, ese programa nunca se hizo, pero él me llamó para trabajar en Carola Casini. Primero me sentí muy incómoda en la tele y después...
-Se hablaba mucho de "una chica rara en la televisión".
-Eso fue un plomo total para mí. Obviamente yo no me sentía rara, lo raro era que dijeran eso. (Cambia el tono). ¡Tiene las cejas anchas! Se habló mucho de mis cejas. (Risas). ¡Tan raro es que no me depile las cejas!
-¿Tu punto final en la TV fue cuando hiciste de heroína en Máximo Corazón con Gabriel Corrado?
-No, mi límite fue Cuatro amigas; quedé con la cabeza quemada. El ritmo de trabajo de la tele me agota, siento que grabar tantas horas es como si te chuparan la sangre. No me dan ganas de perderme 12 horas diarias de mis hijos y mi marido. Y tampoco 12 horas mías haciendo cosas en mi casa, ordenando la ropa, por ejemplo.
-¿Ordenar es buen plan para vos?
-Me encanta. ¡Hoy vamos a ordenar las medias! (Risas). Me gusta recibir gente en casa porque me sirve de excusa para ordenar todo. ¡Viene la visita, tiene que estar todo en su lugar! (Risas).
-Basta de tanta obsesividad. Hablemos de cine.
-Bueno. (Risas). Me alejé de la TV casi sin pensarlo y al mismo tiempo me di cuenta de que si hacía dos o tres películas al año, era feliz, y tuve la suerte de que eso empezara a suceder.
-¿Buscas los proyectos o te llegan?
-La verdad es que estoy en casa y me llegan. No, no busco, soy pésima para dar pruebas o castings. Es muy raro que me vaya bien. Es algo que se va dando, me acercan guiones y cuando hay alguno que me interesa más, entonces ahí llamo, lo sigo más de cerca, pregunto: "che, ¿cómo viene eso?".
-¿Cómo te llevas con la fama, la popularidad?
-No soy de los actores que disfrutan de esa parte de la profesión. Hubo una época en que lo padecía. "¿Qué miran, por qué me miran?", preguntaba. "Te miran porque estás en la tele", me respondían como una obviedad. Me parece que el reconocimiento que te da el cine es más tranquilo.
-Filmaste XXY con 8 meses y medio de embarazo y empezaste a rodar Lluvia, con un bebé de un mes y medio. ¿Cómo te las arreglaste?
-Reapareció a full mi mamá en su rol de abuela. Con las únicas personas que podía dejar confiada a mi hijo casi recién nacido eran mi marido o mi mamá. Conté grosso con ellos para poder filmar. El motorhome era una especie de nursery y siempre estaba mi madre o Gaby.
-Debo admitir que sin conocerte personalmente, te imaginaba bastante cercana a tu personaje de Un novio para mi mujer: malhumorada, algo así como una "antitodo".
-¿Me querés decir mala onda?
-No, eso no. Te creía más difícil, como que no ibas a querer hacer tantas fotos, que había temas de los que no ibas a hablar.
-Yo tengo mi justificación para todo eso. (Risas). Por ejemplo, no me gusta dar notas cuando no estoy trabajando porque siento que no hay nada que decir y que sólo tendría que hablar de mí. ¿A quién le importa mi vida privada? Es algo que me da mucho pudor, de verdad. Ir a una entrega de premios también me da vergüenza. Te juro que no soy mala onda. (Risas).
-Un novio para mi mujer habla con humor de la falta de comunicación en la pareja y de cierta cobardía de los hombres -en este caso- de tomar la decisión de separarse. ¿Estás de acuerdo?
-Habla también del sentirse culpable al dejar al otro. En realidad, si pienso en mi marido, es un tipo cero cobarde y dice todo lo que siente. Si me fijo en mis amigas o en las chicas de mi edad, algunas dan miles de vueltas y no siempre dicen lo que piensan realmente. Creo que no podría generalizar.
-Alguna vez dijiste: "yo soy actriz, no artista". ¿Podrías ampliar el concepto?
-Un artista me parece más gigante. Cuando escucho a Mirtha Legrand diciendo "nosotros, los artistas". Mirtha Legrand, ¿artista? No sé, me parece mejor decir "nosotros, la gente del espectáculo". Un artista es alguien que revoluciona, que te rompe la cabeza, que tiene arte en toda su vida. Hay actores que también son artistas, pero son muy pocos.

 
Por: Sebastián Fernández Zini/Fotos: Macarena Otero/Producción: Dolores Largu£a/Make-up: Magdalena Puibusque/Pelo: Cristian Blasetti/Ropa: María Cher, Jazmín Chebar y Lupe. Agradecimiento: Hotel Sinergie (Malabia 1568, Palermo).