Todos tenemos alguna canción favorita. Algún tema, que al escucharlo, nos hace viajar hacia atrás en el tiempo, a ese momento en que nos sentimos felices. Una canción que, no importa cuán tristes o preocupados estemos en nuestro presente, nos arranca una sonrisa. "En un momento en que toda nuestra atención puede estar dando vueltas sobre algo que nos molesta, escuchar esta música nos aporta perspectiva y nos hace sentir bien. Esto es un ejemplo de lo que yo llamo placebos personales", explica el médico y escritor catalán Albert Figueras, autor del libro Pequeñas grandes cosas.
En medicina un placebo, explica el especialista, es toda sustancia inactiva o acción que pretende ser terapéutica, que alivia o mejora un síntoma, no por sus propiedades químicas, sino porque estimula la capacidad de curación que tiene la propia persona. Los placebos contribuyen a movilizar esta capacidad de curación de distintas maneras: mediante sugestión, mediante la movilización del sistema inmunitario, etc.
"Reflexionando sobre el bienestar de las personas, me di cuenta de que hay una serie de situaciones o de cosas que nos hacen sentir bien. Son situaciones o cosas que, por si solas, no tienen ningún efecto ni positivo ni negativo. Precisamente por el hecho de ser cosas o situaciones 'inertes' por ellas mismas, pensé en el concepto de placebo que tanto utilizamos en medicina. Y como son cosas cuyo efecto varía de una persona a otra, pues las llamé placebos personales. Los placebos personales son muy variados; cada uno tiene los suyos y, quien no sepa por dónde empezar a buscar, es interesante explorar los órganos de los sentidos -oído, vista, olfato, gusto y, sobre todo, el tacto: tocar a las personas, abrazarnos. Son pequeñas cosas cotidianas, que en el fondo son grandes: pequeñas grandes cosas", agrega.
-¿Qué efecto tienen esas "pequeñas grandes cosas" sobre nuestra salud?
-Uno de los problemas del ser humano en la sociedad del siglo xxi deriva de la industrialización, de la ansiedad que genera el mundo laboral, de la prisa, de la incapacidad para la multifunción, del ansia constante de emociones y de la vorágine del consumo. Todo ello genera miedo y angustia -estrés- que, químicamente, se traduce en el aumento del cortisol y otras sustancias perniciosas. Estas sustancias son las que ayudarían a explicar por qué las personas más ansiosas suelen padecer hipertensión o mueren de un infarto de miocardio, por qué tienen problemas digestivos o problemas alérgicos. Los placebos personales comparten algo en común: aumentan la secreción de una sustancia que actúa en el cerebro y tiene efectos contrarios al cortisol: la oxitocina. Esta tiene un gran papel en el parto y en la secreción láctea de la madre, pero también es un péptido esencial para establecer relaciones de confianza con los demás. Se libera, por ejemplo, mediante el tacto, cuando conversamos con otras personas, cuando tenemos relaciones sexuales, cuando nos reímos... Algunos la denominan "la hormona del amor", pero, en realidad, es mucho más que eso. Es la sustancia que permite la socialización. La secreción continuada de oxitocina tiene consecuencias positivas, no sólo para el establecimiento de relaciones, sino también para nuestra salud. Es una potente arma contra el estrés y contra el miedo. Las pequeñas grandes cosas, por tanto, aparte de hacernos sentir bien, pueden contribuir a que vivamos mejor. Creo que es útil imaginarnos que cada vez que hacemos algo que nos hace sentir bien, sobre todo si es con otras personas, nuestro cerebro va destilando gotas de oxitocina; que tenemos un pequeño frasco imaginario y que debemos tratar de llenarlo gota a gota, para cuando necesitemos usar la oxitocina (por ejemplo, ante una situación estresante).
-¿Cuándo es bueno recurrir a un "placebo personal", y en qué casos son mejores los medicamentos?
-¿Cuándo es bueno recurrir a un placebo personal? ¿Cuándo es bueno hacer el amor, abrazarse o reírse? En cualquier momento. Los placebos personales tienen varias ventajas sobre los medicamentos. La principal es que se trata de algo intangible y que tenemos "en el interior", algo de lo que podemos echar mano casi en cualquier momento y situación. Otra gran ventaja es que los placebos personales no causan la dependencia de algo externo ni la adicción que puede ocasionar un medicamento activo. Si tomamos un medicamento, nuestro cerebro sabe que dependemos de aquella sustancia para sentirnos mejor y, si no la tenemos a mano, no nos sentiremos mejor. El placebo personal es algo sutil, que depende de nosotros. Nos hace sentir más confiados en nosotros mismos.
-¿En qué se basan los placebos personales de cada uno, cómo podemos identificarlos?
-Los placebos personales son el fruto de vivir, experimentar, observar... A veces nos damos cuenta de que algo nos gusta o nos hace sentir bien; otras veces, simplemente hacemos algo sin pensar que nos sentimos bien, pero lo repetimos una y otra vez. Un ejemplo típico es la persona que se acostumbra a caminar o a hacer media hora de ejercicio cada tarde cuando regresa del trabajo. Si pasa uno o dos días sin su caminata habitual, nota que le falta algo. A veces, identifica claramente que echa en falta su actividad diaria. Hacer ejercicio es un gran placebo personal; hace que segreguemos, entre otras neurohormonas, oxitocina. Esa persona sólo percibirá que le falta hacer su ejercicio habitual si es observadora, si va por la vida tratando de vivir el presente a fondo, de aprovechar cada momento. Igual como sucede con el ejercicio, pasa con muchas otras situaciones. Hay muchos placebos, y lo mejor es vivir como quien visita un bazar oriental, deteniéndose aquí y allí, agarrando una mercancía para mirarla, oliendo una fruta, observando un color vistoso... pasear sin prisa y, si algo nos convence, comprarlo.
-¿Cuál es la importancia de la creatividad en la búsqueda de estos pequeños placeres?
-Me parece que uno de los trucos para degustar la vida es tratar de ser creativo en todo lo que hacemos. Creatividad, no en el sentido de ser un genio de la pintura o de la música, sino de tratar de vivir haciendo las cosas como si fuera la primera vez, tratando de huir de la rutina, sin temer a lo desconocido. Cuando actuamos así, creativamente, tenemos más posibilidades de sentirnos bien, la propia creatividad es fuente de bienestar y permite reforzar las relaciones con los demás (ser creativo suele suponer reírse, conversar, compartir, discutir...).
-A medida que vamos madurando, ¿van cambiando nuestros placebos personales? ¿Cómo podemos evitar que el miedo a descubrir nuevas sensaciones nos bloquee?
-A medida que vamos viviendo, nos adentramos más en el bazar de los placebos y, por lo tanto, tenemos más experiencia, conocemos más cosas y conocemos a más personas. Tenemos más placebos personales en la mochila y, contrariamente al equipaje habitual, los placebos no pesan. Al vivir plenamente, adquirimos más conocimiento, tenemos mayor riqueza intelectual y social (no he hablado para nada de la riqueza económica, que suele tener el efecto opuesto). Y si logramos vivir así, poco a poco perdemos el miedo a la incertidumbre, al cambio. Dicen que cuando uno está en aguas turbulentas, lo mejor es dejarse mecer, porque si hace el esfuerzo de nadar, se agota en seguida y se ahoga. Vivir es aceptar que la vida es cambio, que no tenemos certeza de nada. Si controlamos el miedo, si lo relativizamos, probablemente nos sentiremos mejor.
-Si nuestros placebos personales, como darnos pequeños gustos o las relaciones personales tienen este efecto, ¿qué ocurre con sus antítesis: el apuro, la soledad, la depresión?
-... Probablemente tienen también un efecto contrario. El ser humano es una especie gregaria que todavía no ha tenido "tiempo evolutivo" para adaptarse a la industrialización y sus consecuencias y que, además, tiene la extraordinaria habilidad de hablar para comunicarse y de reír. El apuro ocasionado por la propia sociedad, la soledad (a veces inevitable y debida a las circunstancias adversas de la vida), y la depresión (ojo: no la tristeza, sino la depresión como enfermedad) son algunos de los problemas sociales que deberíamos intentar modificar para lograr la verdadera humanización de la sociedad, hacia la que deberíamos tratar de avanzar entre todos. Quizás una sociedad más allá de puros intereses económicos y de otros egoísmos que posiblemente conservamos desde épocas ancestrales.
-Por último, ¿cuál es su mejor placebo?
-Una velada junto con mi pareja y alguno de nuestros amigos, comiendo cualquier cosa, charlando bastante y riéndonos muchísimo.
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