Lea Hanzelová (23) llegó a la oficina de la asociación civil con su botella de agua mineral en mano y la mundialmente conocida cara de jet lag. La jovencita eslovaca tocó el timbre de la ONG porteña un día antes de lo previsto. Cuando le dijeron que la esperaban al día siguiente, ella respondió: “Dejé mis cosas en el hotel, y como no tenía mucho más que hacer o adónde ir, vine para aquí”, respondió en un español de España y, con gesto universal, sonrió. Ni un city tour, ni un paseo de compras previo: “Al fin y al cabo, la razón principal del viaje fue el trabajo voluntario. Así llegué a la Argentina, y fue una de las mejores decisiones que he tomado en mi vida”.
Lea es parte de un movimiento solidario mundial que en nuestro país crece cada vez más: el voluntariado internacional. “Hay una tendencia creciente en el mundo a que jóvenes y adultos se embarquen en estas experiencias, que se ofrecen en muchísimos países y son muy atractivas porque combinan la motivación por participar como voluntario en proyectos adecuados a los intereses de cada uno, con la posibilidad de conocer otra cultura”, señala Mercedes Hoffay, coordinadora de Insight Argentina, el programa de voluntariado para extranjeros de HelpArgentina, una organización sin fines de lucro cuya misión es fortalecer a las organizaciones de la sociedad civil argentina a través de la movilización de donantes y voluntarios.
“El tipo de cambio ha hecho más atractivo este destino, y el ‘boca en boca’ contribuye también a que la Argentina esté ‘de moda’”, analiza Carolina Mansur, coordinadora de Movilización Comunitaria y Sensibilización Social, de Hábitat para la Humanidad Argentina (HPHA), la ONG que trabaja para aliviar el problema de la vivienda inadecuada en las provincias de Buenos Aires y Santa Fe.
Juan Regonat, presidente de la Asociación Civil Voluntarios sin Fronteras (VSF), se anima a ir más allá: “El fenómeno de la llegada de jóvenes que vienen a hacer voluntariado es algo que va en aumento. ¿Por qué vienen a la Argentina? Especialmente vienen a Buenos Aires porque se trata de una ciudad grande, una de las más grandes de Latinoamérica, y saben que entonces van a encontrar cierta infraestructura que a lo mejor no encontrarían en otras”.
El porqué de ayudar
Fue un momento decisivo en la vida de Lea, cuando decidió que emprendería un camino de voluntariado. “Se había acabado mi año de intercambio universitario en España, y tuve que decidir sobre mi futuro. Tenía ganas de hacer algo completamente distinto de lo que había hecho y estudiado antes. Me atrajo la idea de aprovechar mi tiempo y convertir mis esfuerzos en algo productivo, y con resultados realmente beneficios y tangibles. Esta idea, junto con mis deseos de viajar y conocer otras partes del mundo, resultó en la decisión de trabajar como voluntaria. Tardé un par meses en llevar a cabo este viaje, porque, por lo raro que es, conseguir un trabajo voluntario no es tan fácil. No quería viajar mediante una agencia, así que me puse en contacto con las ONGs directamente”. Cuando recibió respuesta de la Asociación Responde, una organización dedicada a la recuperación social de los poblados rurales, intentó convencer a sus amigos, aunque sin éxito. Sin embargo, siguió adelante: “No quería perder esta oportunidad y abandonar mis sueños de viajar meramente por el hecho de que nadie quisiera acompañarme”.
Como ella, jóvenes de todo el mundo llegan a nuestro país con diferentes motivaciones, aunque comunes a la mayoría. Según las organizaciones consultadas, las razones que los traen hasta aquí para dar una mano son el interés por aprender o mejorar el idioma, “conocer otra cultura desde adentro”, acercarse a los problemas sociales y, a su vez, disfrutar del potencial turístico argentino.
“Cuando uno les pregunta –dice Mansur de HPHA–, lo que responden, en general, es que les atrae el fútbol, el vino, la carne o el tango, que es lo que más se conoce en el extranjero. Otra cosa que resulta un gran imán es conocer Buenos Aires, con su mezcla de sofisticación europea y calidez latina, u otros puntos turísticos, como Cataratas, Patagonia, Córdoba, Cuyo o el NOA. Los que eligen un voluntariado de largo plazo son, en su mayoría, jóvenes que han terminado la universidad y que antes de especializarse en sus estudios, eligen destinar un año a colaborar con una buena causa. Lo que más los motiva es contribuir, desde su lugar, a cambiar este mundo. También toman al voluntariado para aplicar sus conocimientos y ganar experiencia pero, además, para aprender sobre sí mismos”, concluye Mansur.
Chiara Giacco (29), italiana, llegó a la Argentina en febrero de 2006 para realizar una misión de voluntariado en una ONG italiana con sede en nuestro país. Venía por seis semanas… y ya lleva dos años y medio. Actualmente, Chiara trabaja voluntariamente para la ampliación de un comedor y biblioteca en un barrio del Gran Buenos Aires. “Este país hace dos años y medio me recibió con mucho cariño y amor y me enseñó, y me sigue enseñando cada día, muchas cosas de mí misma y de la vida en general. Me siento afortunada, y creo que ésta es una buena forma de poder devolverle algo a la Argentina y a la vida. No creo que sólo yo ayude: la gente del proyecto del cual participo a mí me ayudó muchísimo, compartieron conmigo sus historias de vida, su cotidianidad, algunas tradiciones... me hacen sentir acompañada en un país que está del otro lado del mundo de mi casa”.
Juan Regonat, de VSF, cree que la motivación viene incorporada en el marco valorativo y educacional de los voluntarios: “Es probable que también haya cierto interés por participar de actividades que en sus países serían rarezas, como ayudar en un comedor comunitario o brindar capacitaciones sobre VIH-Sida a personas en riesgo. También es importante el acompañamiento social que genera pertenecer a una organización: se pueden hacer amigos, conocer la ciudad juntos y pasarse datos de interés”.
Lea, graduada de la carrera de Estudios Europeos con Derecho en la Universidad de Essex (Reino Unido), explica que es cada vez más común para los jóvenes experimentar este tipo de trabajo. “El voluntariado –dice– es como una norma no escrita: se convirtió en un elemento muy valorado de la historia personal porque, supuestamente, demuestra la independencia, madurez y la conciencia social o medioambiental de uno. Tal vez mis futuros empleadores aprecien que yo haya conocido otro ambiente laboral. Pero el aporte más importante de esta experiencia para mí depende de cómo voy a integrar lo que he aprendido en mi visión del mundo”. ¿Qué le devuelve a Lea su vivencia hasta el momento? Responde, con claridad esperanzadora: “No se puede explicar o describir la experiencia de ser expuesta a un entorno tan distinto. Hay que vivirla. Es la experiencia de mi vida. El voluntariado me ha abierto los ojos, y me di cuenta, otra vez, de que no he visto casi nada del mundo. Lo más importante para mí es que me ha dado ganas para seguir creyendo que es posible cambiar las cosas”.
HelpArgentina recibe, en promedio, unos 120 voluntarios por año. “En su 90% son jóvenes estudiantes de entre 21 y 26 años; el sexo es indistinto. Aproximadamente, el 50% viene de los Estados Unidos, el 15% de Gran Bretaña y el resto de países como Canadá, Italia, Francia, España”, detalla Hoffay. Desde allí aseguran también que la mayoría de los voluntarios pide hacer trabajo voluntario “de base”, esto es, en contacto con la gente: “Ayudan en comedores, centros comunitarios, cooperativas de trabajo e, incluso, oficinas. Con clases de inglés (según el país de origen), de computación o con tareas manuales; pero también brindan apoyo en tareas institucionales, como recaudación de fondos, comunicación, investigaciones, traducciones”.
El Programa Aldea Global de HPHA, desde que comenzó en la Argentina en 2006 hasta hoy, ya recibió a más de 300 voluntarios. “Es un programa a través del cual se reciben grupos de voluntarios extranjeros, que ayudan a las familias destinatarias a construir su solución habitacional. En promedio se quedan dos semanas; durante una semana y media construyen, y el resto del tiempo lo destinan a conocer algún punto turístico del país. Los que eligen este tipo de modalidad lo hacen porque quieren un viaje con propósito, es decir, ayudar a alguien que lo necesite, y porque quieren conocer el país a través de su gente y de su cultura. Además de construir, buscan involucrarse con las familias destinatarias y la comunidad local. Estos voluntarios, además de donar su tiempo y trabajo, cubren todos sus gastos y hacen una donación en dinero a HPHA. Los que participan del Programa de Voluntariado Individual cubren, en general, puestos claves de la organización por un período de no menos de seis meses, full time. Actualmente, por ejemplo, Lynn Merrill, voluntaria estadounidense de 23 años, ha estado ocupando el puesto de Responsable de Voluntarios Individuales desde octubre de 2007”, comenta Mansur.
La joven Lynn, sintética pero elocuente, cuenta que en 2005 estuvo en la Argentina para hacer un intercambio y que luego de graduarse en Relaciones Internacionales decidió volver “para ayudar en el país que me ayudó mucho”. Dice: “Hacer voluntariado me permite ver los trabajos desde otra perspectiva. Busco motivación en otras cosas que en un sueldo y eso me ayuda a ver la vida desde otra perspectiva también. Las experiencias que viví y vivo en HPHA van a quedar conmigo de por vida y estoy segura de que lo que estoy haciendo me servirá mucho en mis estudios, actividades y trabajos en el futuro”. Rebecca Sauer, otra estadounidense de 23 años voluntaria de HPHA, comenta: “Vine para aprender español, y también para aprender algo sobre la situación habitacional y el tema de las villas y los asentamientos. Estudié Urbanismo en Estados Unidos y quiero continuar mis estudios y mi carrera profesional con un enfoque en América Latina. Con Hábitat, estoy trabajando en un proyecto de desarrollo comunitario en un asentamiento en el partido de La Matanza”. Su testimonio, como el de Lynn, como el de Lea y como el de Chiara, revela que ellas saben objetivamente que lo vivido será beneficioso para lo que venga en su futuro profesional, que ya están forjando. Pero hay algo más, tal vez, y es quizás la ayuda al prójimo porque sí, por encontrar, acaso, el aspecto más humano de los humanos, por hallar un sentido. Dice Chiara: “Esta experiencia me ayudó a ilusionarme menos, a aprender a enfrentarme más claramente con la realidad, a ser mas paciente. Aprendí lo lindo y enriquecedor, y también lo complicado que es querer hacer las cosas en conjunto, crear la participación y conciencia grupal. Al mismo tiempo, me permite seguir creyendo que SE PUEDE; y sobre todo, que si miramos alrededor, nos recordamos que no estamos solos, que hay mucha gente que nos acompaña y que sigue comprometiéndose con y como nosotros cada día”.
Más info:
bibliotecalasachiras@yahoo.com.ar
www.hpha.org.ar
www.helpargentina.org
www.voluntariossf.org.ar
www.responde.org.ar
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