Las modelos son cada vez más delgadas, los medios de comunicación bombardean con imágenes de mujeres muy flacas, y los talles de ropa se hacen muy pequeños. Nuestra sociedad está esclavizada por una peligrosa obsesión por un cuerpo perfecto y una belleza casi imposible de alcanzar.
Tanto es así que sólo el 3% de las mujeres argentinas asegura estar conforme con su cuerpo. “Este es uno de los países con las mujeres más lindas del mundo, pero eso no quiere decir que tengan que ser las más flacas. Están todas muy presionadas por adelgazar, y este fenómeno no se da de igual manera en el resto del mundo”, afirma preocupado el Dr. Alberto Cormillot. “¿A qué se debe esta obsesión por adelgazar? Realmente, no lo sé. Yo creo que es un país, a veces, muy irracional”, concluye.
Y será por eso, tal vez, que en la vorágine de ofertas de productos para bajar de peso, aparecen las famosas “soluciones mágicas”: cientos de personas las eligen, pero pocas saben cómo hacer un adecuado uso de ellas (lo que conlleva riesgos como las intoxicaciones). “Según el último Informe Mundial de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD), Argentina es el país donde hay más consumo de estimulantes para bajar de peso. Este país reportó cerca de 17 dosis diarias definidas estadísticamente cada mil habitantes. Estados Unidos está segundo, y Brasil, tercero, con 12 y 10 dosis, respectivamente”, explica Carolina Azevedo, asesora de comunicación de la Oficina de la ONUDD con sede en Brasil. Este es un estudio que se realiza anualmente desde hace 10 años, con información que distintos países miembros de la ONU le brindan a este organismo. Este año, los resultados del estudio se conocieron en el día internacional de la lucha contra las drogas.
Sin embargo, para los médicos especializados en el tema, este informe resulta un poco confuso. El problema es que se mezclan drogas que son prohibidas y rigurosamente controladas por la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología (ANMAT) con otras que requieren una simple receta médica. “El informe puede generar confusión y desconfianza hacia cualquier otro tipo de medicamento y, de esa manera, distorsionar la relación entre el profesional y el paciente. Hay que ser cuidadosos con la diferenciación entre los medicamentos, porque hay un gran número de personas que necesita, y está usando, ciertos fármacos para tener éxito y mejor control”, expone Julio Montero, presidente de la Sociedad Argentina de Obesidad y Trastornos Alimentarios.
Los que no
Como primera medida, es importante reconocer y diferenciar a los médicos. “Hay muchos seudo-homeópatas que dan preparados asegurando que es todo de origen natural y, en realidad, lo único que hacen es engañar a la gente. A la vez, no existe una sociedad médica que proteja a estas personas, y el Estado hace la vista gorda por diferentes intereses”, apunta el Dr. Cormillot.
“Existen dos disposiciones –ANMAT nº 2311/02 y la nº 2316/02– que prohíben la comercialización de fórmulas magistrales que tengan asociaciones de estimulantes, anorexígenos, tranquilizantes, diuréticos y laxantes, entre otros”, expone la Dra. Raquel Méndez, jefa del Departamento de Psicotrópicos y Estupefacientes del Instituto Nacional de Medicamentos (INAME). Lamentablemente, no todos respetan estas disposiciones.
Ahora sí, ¿cuáles son dañinos? En un principio, los especialistas se detienen en los diuréticos y laxantes. Los primeros se utilizan para eliminar el agua y las sales del organismo. Están indicados para problemas digestivos, retención de líquidos o algunos problemas hepáticos, y, en algunos casos, para hipertensión e insuficiencia cardíaca. Pero de ninguna manera eliminan los kilos de más. “El mal uso de los diuréticos puede producir deshidratación, pérdida de minerales, de potasio y de calcio, además de problemas en el riñón. Las complicaciones pueden llegar hasta temblores, ansiedad y vómitos”, explica el Dr. Cormillot.
En el caso de los laxantes, estos se usan para aliviar el estreñimiento y no tienen ninguna utilidad en el tratamiento de la obesidad. Tomarlos en exceso disminuye el funcionamiento normal del intestino, además de producir irritación, diarrea y déficit de nutrientes.
En cuanto a los anorexígenos (anfetaminas), son las pastillas más peligrosas, por la adicción que generan y porque pueden llegar a causar complicaciones muy importantes a nivel psicológico, neurológico y cardiovascular. “El riesgo de dependencia y adicción es tan alto como el de cualquier otra sustancia psicotrópica, como la cocaína”, ejemplifica la Dra. Méndez. Actúan quitando el apetito y reduciendo la sensación de hambre. Pero, en la actualidad, ya se sabe que tienen peligrosos efectos secundarios, como taquicardia, hipertensión arterial, arritmias, náuseas, sobre estimulación, insomnio, angustia, euforia, depresión, crisis de paranoia y ansiedad. “Cabe mencionar que el consumo prolongado puede facilitar la aparición de trastornos mentales como la psicosis (pérdida o falta de contacto con la realidad, alucinaciones y pensamientos delirantes)”, concluye la Dra. Méndez. Además, una vez que se deja de tomar esta pastilla, el “efecto rebote” hace que la persona engorde mucho más de lo que pesaba inicialmente.
Por último, los especialistas hablan del peligro de tomar medicamentos para la hormona tiroidea. Estos remedios deben tomarse exclusivamente para el tratamiento de problemas tiroideos, nunca se deben usar para el descenso de peso. El mal acostumbramiento a esta droga disminuye el funcionamiento de la tiroides y produce un hipotiroidismo que altera el equilibrio hormonal. Los tranquilizantes tampoco deben usarse para la lucha contra los kilos de más: el mal uso prolongado puede llevar a la adicción y a la depresión.
En líneas generales, todos estos fármacos pueden traer trastornos menstruales, disfunción eréctil y disminución del deseo sexual. Por eso, a la hora de ir al médico para bajar de peso, es importante estar bien prevenido. Para eso, Cormillot sugiere que “nunca hay que aceptar nada que vendan después de una consulta; hay que fijarse siempre que haya diplomas que avalen al profesional, y tener en cuenta que ningún medicamento legítimo para tratar la obesidad es efectivo por sí mismo; deben estar acompañados por cambios de alimentación y actividad física”.
Los que sí
Los especialistas en obesidad muchas veces recetan a los pacientes pastillas para ayudarlos a perder peso, pero siempre debe ser en un contexto de vida saludable y con asiduos controles. “La indicación de medicamentos surge de resolver una ecuación múltiple que debe considerar no sólo el grado de obesidad, sino también la distribución de la grasa, antecedentes familiares, exámenes de laboratorio, datos clínicos, resultados de tratamientos anteriores y la respuesta a medicamentos actuales”, declara el Dr. Montero. Por eso nunca hay que automedicarse: “La decisión de prescribir es exclusivamente médica, porque no todo pasa por la elección del medicamento, sino que hay que conocer a quién se le prescribe, y eso está fuera del alcance de la personas y del farmacéutico”, termina Montero.
Existen tres fármacos diseñados para el tratamiento de la obesidad que el doctor Cormillot considera que son seguros, y que mediante cambios en la alimentación, ejercicio y supervisión pueden ser muy efectivos.
El primero es la sibutramina, un medicamento que reduce el apetito. Fue desarrollado inicialmente para la depresión, pero su efecto sobre el sistema nervioso central hizo que creciera el interés por su aplicación para la obesidad. El objetivo que persigue es que los pacientes se sientan más satisfechos con menos comida. En general, quienes usan esta droga bajan unos dos kilos en el primer mes y alcanzan una reducción del 7% del total de su peso. El segundo es rimonabant, un supresor del hambre, como la sibutramina. Actúa sobre el sistema nervioso central aumentando la liberación de ciertos químicos cerebrales que disminuyen el apetito, y así se come menos. Se usa, sobre todo, para ayudar a dejar de fumar sin aumentar de peso, una de las mayores preocupaciones para quienes intentan dejar ese hábito. A diferencia de la sibutramina, esta droga apunta a reducir el placer que se obtiene al comer en grandes cantidades y acelera la saciedad. El último es el orlistat, que, al bloquear la enzima que descompone los lípidos (lipasa) en el tracto digestivo, reduce la absorción de hasta un 30% de las grasas que se consumen (en vez de almacenarse en el cuerpo, se expulsan). Si ésta se usa en conjunto con una dieta equilibrada y con actividad física, se puede eliminar hasta un 10% del peso.
De todas formas, conviene destacar que en la lucha contra la obesidad lo mejor, y el único método, es optar por un cambio en los hábitos. “Esta es una enfermedad crónica con control. Se han realizado investigaciones, y se sabe que el cerebro tiene una gran plasticidad para aprender y lograr cambios de actitud. Hay que dejar de lado las soluciones mágicas que mencionábamos en un principio y comprometernos”, cierra convencido Cormillot.
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