Tendencia
El boom de los cruceros
 
 

Haciendo planes y números!

Zarpando desde Buenos Aires, se pueden conocer las más bellas playas de Punta del Este, Ilhabela, Río de Janeiro, Buzos y la paradisíaca Ilha Grande en Angra dos Reis,
en itinerarios de 8 y 9 noches. Para enero de 2009, la tarifa de 9 noches ronda los 1150 y 1530 dólares, dependiendo de la categoría y la ubicación del camarote (interno o con vista al mar). También hay salidas en diciembre, febrero y marzo. Para los amantes del nordeste brasileño, además hay cruceros que llegan a Recife, Salvador, Ilhéus y Maceió, en viajes de 13 y 14 noches. Desde los puertos de Santos y Río de Janeiro, hay barcos que ofrecen navegar por destinos y paisajes tropicales.
Más información? En las agencias de turismo de todo el país.

 
Cada vez son mas los que eligen pasar sus vacaciones a bordo de un inmenso barco, donde la diversión y el bienestar están garantizados. Como es la vida a bordo y a que se debe el éxito de esta modalidad de viaje.

El lujosísimo gigante de 16 pisos, algo más de 290 metros de largo, 1275 camarotes, 3000 pasajeros y cerca de 850 tripulantes se desliza casi imperceptible. Acaba de dejar atrás el puerto de Cork, en Irlanda, y se dirige hacia Portugal. Por delante quedan casi dos días de navegación hasta poder volver a decir: “¡Tierra a la vista!”.
Dentro del crucero, cada cual atiende su juego, y ese parece ser el leitmotiv de este tipo de vacaciones, una modalidad que en los últimos años supo incrementar el número de adeptos alrededor del mundo, incluyendo la Argentina. Y los números de la Superintendencia de la Terminal de Cruceros Benito Quinquela Martín de Buenos Aires no hacen otra cosa que confirmar esta tendencia turística: para la temporada de cruceros 2008-2009 arribarán al puerto porteño 124 barcos, lo que significa 25 naves más que la temporada pasada.
Dos parejas de venezolanos se pasean abrigados y miran desde lejos las cristalinas aguas de la piscina. Claro, 15 grados de temperatura no es calor para ellos. Los alemanes no piensan igual y desde temprano ya se animaron a darse varios chapuzones. Cerca, muy cerca de allí, unos niños aprovechan uno de los cuatro cálidos jacuzzis que se encuentran en la terraza, y una pareja disfruta de delicias gourmet. Son las 11 de la mañana, y cuatro señoras de unos 70 años juegan entretenidas a las cartas, mientras varios hombres se apasionan por el ruido de las máquinas tragamonedas del casino ubicado en el séptimo piso. Postales cotidianas de un viaje en barco, donde cada pasajero elige libremente qué hacer y que no, dependiendo exclusivamente de su estado de ánimo, sus ganas y sus intereses.
“Los cruceros hacen todo más fácil. Los huéspedes saben que suben al barco y ya está todo pensado para ellos. Frente a los niveles de exigencia y velocidad con los que vivimos diariamente, nada mejor que tener todo listo para disfrutar, sin haber tenido que preocuparse por el cómo. La mayoría de los turistas se relaja de tal manera que hasta pierde la noción del día de la semana que está viviendo. Sólo se trata de pasarla bien, algo perfecto para unas vacaciones bien descansadas”, asegura Ketti Tacerbi, directora de crucero, con 15 años de experiencia en este tipo de viajes.
A bordo del crucero, el día empieza temprano si la idea es llegar con tiempo al desayuno. Las cuatro comidas del día están incluidas en la tarifa del viaje y, por supuesto, nadie está dispuesto a dejarlas pasar. “Lo más importante es tener un buen servicio en los restaurantes, ya que es lo que priorizan los pasajeros”, afirma Gaetano Nino Fontana, gerente del MSC Poesía. El chef ejecutivo Ciro D’Agostino asegura que en un barco con capacidad colmada –o sea, 3000 pasajeros–, se preparan 21 mil platos por día –entre desayuno, almuerzo y cena– y se consumen por semana 50 mil huevos, 7 mil kilos de harina y 5 mil kilos de carne. La cocina de un crucero, en la que pueden trabajar hasta 200 personas, suele estar dividida en grupos que tienen diferentes especialidades: pastelería, salsas, pastas, panes, verduras, pescados y otras carnes.
A las tardes –salvo que se trate de un día en tierra visitando la ciudad de turno–, los turistas pueden hacer diferentes actividades: karaoke, juegos grupales y de mesa, clases de tango, bachata o chacha-chá, además de torneos de cartas o práctica de golf en jaulas. En los cruceros, generalmente, hay varios lugares para escuchar una banda o grupo de música; los fanáticos del cuidado del cuerpo pueden disfrutar de las instalaciones del gimnasio; y quienes buscan relajarse aún un poco más, el spa es el lugar indicado. Allí diferentes tipos de masajes orientales, el sauna, el baño turco y el hidromasaje hacen de las suyas para que las vacaciones se vuelvan realmente inolvidables. Para los más pequeños de la familia casi todos ofrecen actividades recreativas. La cena con el capitán y la noche de gala son momentos importantes para quienes están a bordo de un crucero: es el momento del traje o el esmoquin para ellos y los vestidos largos para ellas, y hasta el menú se viste de fiesta y se engalana un poco más. Por las noches, en algunos cruceros hay teatro, y el objetivo es siempre buscar artistas internacionales, ya que en un mismo barco se pueden llegar a tener pasajeros de 22 nacionalidades diferentes, y hay que tratar de cubrir las expectativas de todos. Así se suceden espectáculos circenses, shows de magia y hasta conciertos de música clásica.
El boom de los cruceros no sólo se puede apreciar en el aumento de los pasajeros que se embarcan en cada temporada, sino también en el pedido de empleados que realizan las diferentes empresas. Tres mil es la cifra estimada para el 2008 de los argentinos que ya tramitaron los papeles para esta salida laboral con ingresos dolarizados. Muy buen nivel de inglés, hasta 35 años y con la posibilidad de ausentarse hasta seis meses son algunos de los requisitos que piden para los que estén dispuestos a trabajar 12 horas diarias, de lunes a lunes. Para el área de limpieza, por ejemplo, suelen ofrecer entre 2000 y 2500 dólares mensuales.
Con respecto al auge de esta modalidad vacacional, Pier Francesco Vago –de MSC– tiene una explicación. “Las vacaciones empiezan en el momento que uno pone el pie en el barco, no hay tiempo muerto en trámites ni en el viaje hasta llegar a destino, y la relación precio-beneficios es siempre menor en un crucero que si uno decide realizar el mismo viaje por su cuenta. Además, las condiciones de seguridad y comodidad son superiores”, asegura.
Para aquellos que buscan tomarse un descanso alineado con sus intereses culturales, hobbies o estado civil, los cruceros temáticos –que se multiplican cada temporada– son los indicados. Los hay para solos y solas, para gays, y desde hace un par de años, muchas jóvenes a punto de cumplir sus 15 deciden cambiar la gran fiesta del vestido blanco por un divertido viaje en barco acompañadas de sus amigas. También existe el crucero fitness, donde se ofrece un programa destinado a los que desean iniciarse o mantenerse en forma con Spinning, Aero-latino, X55 y Local Training. Además hay actividades en la piscina y clases de yoga, stretching y Pilates matt. Quienes amen bailar tienen un crucero pensado casi exclusivamente para ellos, ya que la idea principal es divertirse participando de actividades recreativas, coreografías y concursos de tango, salsa, hip-hop, merengue y más. Por otra parte, en el llamado crucero gastronómico se puede disfrutar de diferentes demostraciones culinarias, consejos, charlas y bufés temáticos especiales. ¿Fanáticos del arte y la moda? Hay barcos que proponen exposiciones de piezas, clases de pintura, concursos, desfiles y hasta charlas sobre cuidados de belleza.
Un mujer –que bien podría ser hermana de la actriz Claudia Lapacó– baja las escaleras del hall central enfundada en un trajecito negro rumbo a uno de los restaurantes, desde el piano ubicado sobre un escenario transparente surgen las notas de La vie en rose, tres japonesas con peinados elegantes y de tacos charlan animadamente, y un chico, de unos 5 años, se acerca para ver el agua que cae de una cascada iluminada. Retratos de unas merecidas y descansadas vacaciones a puro lujo y sobre el mar.