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Investigación

FACEBOOK
¿La nueva ciberadicción?

 
Esa cosa llamada Facebook

Es una creación de Mark Zuckerberg, quien hace tres años, con tan sólo 21 años de edad, contó a unos amigos el sueño de crear su propia red social, y ésta se hizo realidad. Primero circuló sólo por las computadoras de la Universidad de Harvard, a la que asistía, y hoy es la red social más visitada del planeta. Conecta a los usuarios con amigos, compañeros de trabajo, de estudio, grupos con intereses en común. Las personas pueden usar Facebook para mantenerse informado sobre sus amigos, subir un número ilimitado de fotos, compartir enlaces y videos y saber más sobre las personas con quienes se reúnen o mantienen un denominador común: escuela primaria, ciudad de residencia, club de fútbol, entre otros tantos posibles.
 
 
Con 120 millones de usuarios, es la red social más navegada del mundo. La Argentina es el tercer país donde más creció en lo que va del año. Los jóvenes entran al sitio, casi compulsivamente, a chequear novedades, mandar mensajes, subir fotos y compartir información. ¿Qué hay detrás del fenómeno que los mantiene cautivos y en vilo?

En la era de la información, con el auge de las redes sociales online, todo dato vale y cotiza en bolsa. Si años atrás había cuestiones que se preservaban para el ámbito de lo íntimo, hoy la tendencia, al menos para los fans de Facebook, es contarlo todo, a viva voz o en letra negrita y subrayada.
Se trata de dar a conocer todo el tiempo lo que se está haciendo. “Salí a pasear al perro, pero dejame un mensaje” o testimonios tales como: “Hoy me encuentro con fulano de tal; mañana les cuento qué onda” son moneda corriente. Y están quienes cuentan sus secretos y hasta esos pensamientos que solían figurar en la categoría de inconfesables. También investigan información que otros hacen pública, entrelazan redes de amigos y conocidos y, casi sin saberlo, contribuyen a que este fenómeno siga agigantándose: por ejemplo, cuando con tan sólo un clic, autorizan a la empresa a tomar todas las direcciones de correo de su cuenta de e-mail e invitar, de parte suya, a sus contactos a ver videos, fotos y comentarios… ¿Cómo? ¡Registrándose en Facebook! No podía ser de otra manera. Y así, la rueda de la fortuna sigue girando. Y volvemos a empezar…
Todo a ritmo precipitado, basado en la falsa creencia de que aquello que no se “planta” en la red o se expone públicamente se marchita y se olvida para siempre… O peor: no existe. Impulsado por esta vorágine, un australiano, Kyle Doyle, de 21 años, faltó al trabajo alegando enfermedad, entró en su perfil de Facebook y le hizo saber a la comunidad virtual: “Kyle Doyle no va a ir a trabajar. ¡Al diablo! Todavía está con resaca. ¡Toma baja laboral!”. Pero no advirtió un detalle: entre sus contactos tenía a su jefe, quien al ver el mensaje... uno ya puede imaginar lo que hizo. Moraleja: ojo que el mundo es un pañuelo.

Psicología Facebook
Los mecanismos que hacen que alguien entre a este sitio y decida poner a disposición información de contactos, fotos o videos, no son inocentes. Hay quienes ya los están estudiando, dando lugar a lo que hoy se conoce en el mundo como Sicología Facebook. El prestigioso psicólogo B.J. Fogg, fundador del Laboratorio de Tecnologías de la Persuasión de la Universidad de Stanford, es uno de ellos. Desde 2007 brinda cursos sobre Facebook en una materia académica que entrelaza la cibercultura popular con los conceptos más tradicionales de la Psicología.
–Profesor, ¿en qué consiste la Psicología Facebook?
–Desde mi perspectiva, es una psicología de la persuasión; se trata de hacer que la gente haga cosas que Facebook quiere que haga. Esa es la principal razón por la que la empresa vale millones de dólares: porque es capaz de meterse en la psicología humana y empujar a las personas a unirse al servicio, subir sus fotos, invitar amigos a hacer lo mismo... Se logra que los usuarios realicen tareas que la compañía quiere, y que estos, a su vez, involucren a sus contactos. Sería como inducirte a que vayas a una fiesta y subas las fotos que sacaste. Es toda una cuestión de persuasión que, en su extremo, se vuelve adictiva.
–¿Por qué logra crear esa necesidad, casi obsesiva, de estar online, intercambiar información, buscar la paja en el ojo ajeno?
–Creo que hay distintas respuestas de acuerdo con los distintos tipos de personas. Se es por diferentes razones y, por otro lado, no todos se hacen adictos. Uno de los motivos por los que se usa Facebook con tanta frecuencia y fervor es porque es una de lo redes sociales más eficientes. Es el modo más rápido de estar al tanto de lo que hacen tus amigos y, de la misma manera, compartir con ellos lo que vos hacés. ¿Por qué mandarles un e-mail, por qué ir a la plaza, si es más fácil y más rápido ir a Facebook? Cuando ya hablamos de una adicción, ésta es comparable, en forma, a la de los jugadores compulsivos: en el cerebro hay químicos que se activan y obtienen recompensas cuando algo en él explota, por decirlo de alguna manera.
–¿Qué relación tiene Facebook con la necesidad de ser aceptado socialmente?
–Creo que una de las mayores motivaciones sociales es ser aprobado socialmente y evitar, por todos los medios, ser rechazado. Y de eso se trata Facebook.
–¿Existe un perfil del usuario promedio?
–Probablemente sería una chica que va a la escuela secundaria y tiene registrados a 200 amigos. En los Estados Unidos, ese sería el usuario típico.
–¿Cree que Facebook sobreexpone a las personas?
–No, no creo. Lo que sí hace es inducir, seducir a los usuarios a dar muchos datos sobre ellos mismos, por el solo hecho de que hay otros tantos haciendo lo mismo. Ver tantas otras personas haciendo algo hace que tu cultura cambie, como así la tendencia a compartir información que, de otra forma y en distintas circunstancias, no darías a conocer.
Manía con fecha de vencimiento
Hay quienes consideran que con Facebook la cultura occidental se cae de la cornisa sobre la que venía haciendo equilibrio. Están los que demonizan el formato aludiendo a que se parece a Gran Hermano, donde todos saben todo de todos y se está ciento por ciento expuesto, miserias humanas incluidas. También están los que, como Fabio Tarasow (coordinador académico del Proyecto Educación y Nuevas Tecnologías de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales) ponen paños fríos a la situación. “Cada año nos toca una nueva aplicación de moda. El año pasado era Second Life (especie de universo alternativo en Internet, en el que cada usuario cumple un papel y tiene una identidad) y el año que viene, será otra. Siempre la novedad de una aplicación hace que se imponga sobre otras y congregue como fenómeno social. Pero todo pasa, y después de un tiempo sólo queda un residuo de lo que pueda haber aportado”, asegura.
Tarasow advierte que la novedad no es tal, y que el auge se debe al hecho de haberse puesto de moda, simplemente. “Nada de lo que puede hacerse dentro de Facebook es muy distintivo. No es más que otro espacio. Hay otras aplicaciones de Internet que permiten subir música, imágenes… No hay algo sustancialmente novedoso. El fenómeno tiene más que ver con el voyerismo y la exhibición mediática. Cada usuario encuentra allí diferentes señales y significados: compartir una foto, ver información que otro puso a la vista de todos, encontrar amigos a los que los caminos de la vida separaron… Lo que es innegable es que el nivel de falta de privacidad es muy alto. A muchos no les importa o no son conscientes de eso. Hay quien no termina de entender lo que significa que cuando exhibe una foto pierde el control y derecho sobre ella, hasta que se acabe la humanidad. Como sociedad debemos construir el derecho a olvidar en lo digital; antes se hablaba de una memoria por construir, ahora es el derecho al olvido de todo lo registrado en formatos digitales; eso que queda, por más que se luche en pos de que no trascienda”, agrega el especialista en nuevas tecnologías.
Lo importante es saber que, más allá de exigir un cuidadoso y criterioso uso de la información que se brinda y se toma, Facebook, como otras tantas redes sociales en boga, tiene múltiples ritos beneficiosos. “Permite montones de actividades, como contactarse con alguien a quien le habías perdido el rastro, intercambiar información y conocer experiencias que antes sólo eran posibles en una convención… Hay cosas que, evidentemente, fluyen de manera increíble. Por supuesto que ninguna se compara con un fogón con amigos en Villa Gesell a la espera del amanecer. Pero lo que hay que tener en cuenta es que una cosa no quita la otra: la red como espacio de interacción social debe constituir una realidad que se complementa, no que viene en reemplazo de otra”, sugiere Tarasow.

Rápido, furioso... ¡y 100% publico!
En Facebook se evidencia cierta compulsión de los usuarios a mostrarse y aportar señas particulares diversas (desde nombre y colegio en adelante), así como fotos y videos que hacen públicos sus hábitos, gustos personales, preferencias musicales, gastronómicas y hasta sexuales… ¿Cómo evitar que sean utilizados con fines maliciosos? “Las advertencias para dar en el mundo virtual son las mismas que en el mundo ‘físico’: no brindar información privada a desconocidos. Y como Internet es un mundo de desconocidos, es sencillo entender que no debemos publicar direcciones de nuestro hogar, trabajo o estudio, teléfonos, horarios, fotos o gustos sexuales”, aconseja Cristian Borghello, licenciado en Sistemas, Certified Information Systems Security Professional (la certificación más alta de Seguridad de la Información).
Además de lo que se hace con la propia información, hoy se analiza, en todo el mundo, cómo se controla (y se juzga, en algunos casos), el uso de datos ajenos. Por ejemplo, en julio pasado, el británico Grant Rápale fue condenado por calumnias, injurias y violación a la privacidad, por crear un perfil de un amigo suyo en Facebook (es decir, creó una identidad falsa) y difamarlo diciendo que era homosexual, inscribiéndolo en clubes gas, dando a conocer sus direcciones, actividades, fecha de cumpleaños y hasta falsas adhesiones políticas. El cibernauta debió indemnizar al damnificado con 21.500 euros. Al respecto, Borghello manifiesta que “el caso de la protección jurídica y legal con respecto a la protección de información privada coincide en casi todo el mundo y tiende a proteger al ciudadano; pero hay que tener en cuenta que es sencillo publicar y conseguir información privada en Internet y, por eso, la cantidad de casos como el mencionado aumenta, al igual que la complejidad de rastrear a alguien en el mundo virtual. Si a esto sumamos el problema de las jurisdicciones internacionales (acto delictivos cometidos desde el extranjero), casi toda la responsabilidad de la privacidad recae sobre el usuario quien, en última instancia, debe proteger su información y, para ello, debe ser consciente de los riesgos que implica utilizar la tecnología”.
¿Qué pasa con el derecho a la imagen en este contexto? Los jóvenes viven “colgando” fotos en la Web. ¿Qué pasa cuando éstas son comprometedoras para otros? Borghello, quien es, además, creador y director del sitio de seguridad de la información segu-info.com.ar y segu-kids.org (para proteger a los niños y asesorar a padres y docentes), tiene la respuesta justa: “El perjudicado podría exponer su situación ante la ley y exigir, ya sea a quien subió la foto o al medio, que se quite la información que lo daña, pero en la realidad, lo que sucede es que el daño ya está hecho; es difícil que el medio quite las fotos y, como dato importante: si la imagen fue indexada por los buscadores o cualquier otro medio, será expuesta en otros sitios y agravará el daño. Por eso es fundamental comprender que lo que ingresa a Internet jamás sale, y es nuestra responsabilidad cuidar nuestra información, nuestras palabras y nuestra imagen, porque Internet es una herramienta maravillosa, pero puede ser un arma de doble filo”, concluye.