Para la mayoría de los padres, la llegada de un bebé es motivo de gran felicidad, también de exigencia en tiempo y energía. Hace unas décadas, cuando las mujeres se incorporaron en el mundo laboral, con quiénes dejar a los bebés se convirtió en un dilema, porque las jóvenes abuelas también trabajaban. Las madres entonces se vieron obligadas a buscar un lugar donde dejar a sus hijos durante el día. Así florecieron las guarderías, que fueron evolucionando hasta dar lugar a los jardines maternales de hoy. En estas instituciones, chiquitos de 45 días a dos años son cuidados por docentes especializados. Allí conocen a otros niños de su edad y aprenden a desarrollar sus capacidades innatas. Sin embargo, los padres todavía tienen muchas dudas a la hora de elegir un establecimiento como éste. ¿Qué actividades realizan sus hijos? ¿Reciben la atención adecuada? Y la pregunta clave: ¿es bueno separar a un bebé de sus padres tan temprano?
“Qué hace un bebé en la escuela es una pregunta fundamental”, reflexiona Haydée Coriat, psicóloga especialista en estimulación temprana. “No creo que sea natural que los bebés estén en la escuela. Me parece que en este momento es necesario, lo cual no es lo mismo. Un bebito de 45 días no tiene la menor idea de que se está separando de su mamá cuando lo dejan en un jardín maternal; toma eso como el ámbito donde tiene que estar”. La psicopedagoga Mónica Martínez, en cambio, sostiene que separar a un bebé de 45 días de sus padres no es ni bueno ni malo. “Es a veces necesario, y alguien deberá cumplir la función materna de común acuerdo con los padres”, agrega. “No los va a reemplazar, sino a cuidarlos en el tiempo en que ellos no están. Puede ser una docente del jardín maternal, la abuela, la tía, una chica que trabaja en la casa. Siempre en la medida en que se ocupe del bebé, que juegue, que lo saque a pasear. Que lo alimente adecuadamente, le hable y le cante… No hay recetas, sino pensar en cada familia y cada bebé”.
El jardín maternal
En este contexto, un jardín maternal surge con la misión de complementar el desarrollo de los niños desde un espacio institucional, acompañando a los padres y reconociendo su responsabilidad primaria en la crianza y cuidado de los chicos. “En la existencia de un jardín maternal, confluyen dos derechos importantes”, expresa Daniel Brailovsky, pedagogo y especialista en educación infantil. “Por un lado, el de las madres a trabajar, la posibilidad de delegar algunas de las funciones de la crianza en especialistas que se desempeñan en un ámbito confiable como el jardín maternal. Y el otro es el derecho de los chicos de tener una educación formal, sistemática y de calidad desde la primera infancia. Esto ha generado que los servicios educativos para esta etapa se hayan vuelto mucho más especializados y profesionales”.
A diferencia de las guarderías, un jardín maternal tiene un diseño curricular elaborado por especialistas, y se trabaja con actividades que ponen en marcha una serie de procesos controlados por cada docente. Así, canciones, juegos o un simple cambio de pañales se convierten en sutiles fuentes de aprendizaje.
De hecho, según explica Brailovsky, cuando una maestra cambia los pañales al bebé, menciona las partes de su cuerpo siendo consciente de que le está enseñando a distinguir entre la sensaciones de estar limpio o sucio. O cuando hay un conflicto entre dos chicos, allí donde una madre ordena: “Pórtense bien”, “Cuidá a tu hermano”, la maestra ayuda a los niños a entender unas reglas que perciben como impuestas o incomprensibles. “Los mismos elementos cotidianos que los chicos ven en sus hogares, a través de las palabras y decisiones que toman los padres, en el jardín se miran con ojos escolares y se convierten en objetos de conocimiento y reflexión”, afirma el pedagogo.
Los alumnos más chiquitos
Con el surgimiento de los jardines maternales, hoy existen alumnos menores de dos años, algo impensable hace un tiempo. Estos no levantan la mano para responder una pregunta, no se forman en fila ni trabajan en equipo; son alumnos distintos, porque un bebé es siempre “en singular.” Según Haydeé Coriat, el término “un grupo de bebés” es sólo para describir una imagen, no tiene que ver con la posibilidad de que un bebé se sienta agrupado. Por ello, hay que ofrecer la mamadera a cada uno, mirar a cada uno, comunicarse con cada uno. Todo un desafío para los docentes de un jardín maternal.
“Un bebé impone mucho más que un alumno más grande”, coincide Brailovsky. “Es un alumno irreductible a lo grupal. No se puede pensar en un grupo de bebés, sino en conjuntos de bebés que coinciden geográficamente en un espacio. Para que fuera un grupo, tendrían que existir ciertas funciones, interrelaciones; deberían poder compartir”.
En un jardín maternal, los bebés están al cuidado de varios adultos por clase, lo cual facilita atender sus necesidades particulares. Y al mismo tiempo, se los somete a un régimen en el cual se homogenizan sus tiempos. Es decir, se trata de propiciar que duerman a la misma hora, que se alimenten dentro de horarios razonablemente parecidos. Esto, afirma Brailovsky, muy lentamente y de a poco, va construyendo su “alumnización”.
Cómo es un día de “clase”
¿Cómo es un día en un jardín maternal? Si bien existen instituciones con horarios muy amplios, muchos chicos asisten entre tres y cuatro horas por día. Allí se los suele recibir directamente en la sala, sin cochecito y en los brazos de la maestra. Esta se informa sobre cómo fueron las horas previas del niño, si comió, si durmió, si está de buen humor o si existe alguna novedad para tener en cuenta. “La jornada de un jardín maternal suele estar muy ritualizada y pautada”, explica Brailovsky. “Como los bebés no tienen noción del tiempo más allá de los acontecimientos que tienen lugar, se crea un ambiente previsible para que ellos sientan confianza, seguridad y tranquilidad. Que suceda siempre lo mismo, con cambios que se introducen gradualmente”.
Así, hay rutinas que se repiten de la misma manera, acompañadas de canciones que se repiten en los mismos horarios. Primero, el niño llega al jardín y se le da la mamadera o la leche. Luego tiene un tiempo de juego muy amplio al aire libre o dentro del salón y después duerme la siesta. Si bien no todos los días se hace exactamente lo mismo, se tiende a una regularidad para favorecer una sensación de confianza, de tranquilidad y de seguridad en los chicos. El modo que tienen las maestras de organizar sus tareas es respetuoso de este criterio, y los contenidos se enseñan mediante cambios en la rutina cotidiana.
¿Sobreestimulación?
Música, plástica, literatura, computación, inglés, expresión corporal. La oferta de actividades de los jardines maternales entusiasma a muchos padres, pero inquieta a otros. ¿Es bueno para un bebé hacer tantas cosas? ¿Estamos sobreestimulando a nuestros hijos? ¿No los estamos situando demasiado pronto en el escenario de una sociedad hipercompetitiva?
Estas preguntas resultan ajenas a los bebés, que se divierten con los títeres, aprendiendo canciones o descubriendo a otros niños. El problema surge, como plantea Haydée Coriat, cuando se salta de una actividad a otra como si fuera obligatorio para los chicos producir algo en cada una de ellas. “Los bebés perciben intensamente lo que el otro espera de ellos y tratan una y otra vez de complacer al adulto. Cuando no pueden cumplir con esta exigencia, van produciéndose diferentes cosas en su interior”, explica Coriat. “Hay chicos que intentan hacer, y de pronto salen corriendo para todos lados sin hacer nada, desesperados. Otros se quedan tranquilos para observar y un tiempo después crean algo rico. Y hay niños que se quedan quietos mirando la actividad de los demás e inhibiendo la propia. Todo esto es producto de ‘lo singular’”.
Para Mónica Martínez, es fundamental que la estimulación brinde lo que un bebé necesita según su capacidad de desarrollo. “La sobreestimulación va unida a la sobreexigencia y a no respetar al niño en su deseo. Ellos también necesitan estar un tiempo sin hacer nada, al igual que los adultos. Es importante preguntarles y respetar lo que quieren hacer y, al mismo tiempo, brindarles posibilidades para que puedan elegir”.
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