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Bellezas Argentinas
Donde se posa la Luna
 
 

Circuitos turísticos

• Circuito tradicional: es el que se hace en automóvil por el interior del parque. Tiene 40 km y se tarda unas cuato horas en recorrerlo.
• Circuito con luna llena: lo organizan agencias de turismo y permite a los visitantes acceder a los principales atractivos a la luz de las noches de luna llena.
• Circuito en bicicleta: es un recorrido de 12 km. Comienza en la puerta del parque y se dirige hacia las Sierras Moradas, la formación más elevada del lugar.
• Circuito Ischigualasto-Talampaya:
esta opción requiere de todo el día y se la puede realizar partiendo desde San Juan o desde La Rioja. Al circuito tradicional por el Valle de la Luna, se le suma la visita a otra de las formaciones naturales más imponentes del país: el Parque Nacional Talampaya.

 
 

En el Valle de la Luna, en San Juan, la historia y la naturaleza se conjugan para dar paso a una experiencia mágica. Allí, tesoros prehistóricos y paisajes indescriptibles se funden con el silencio, como si recién estuviese naciendo el mundo.

Si a uno le pidieran que imaginara el paisaje más imponente, tal vez ni haciéndolo con mucha fuerza y utopía lograría hilvanar en la mente las imágenes del Parque Ischigualasto, en San Juan, ya que en esa depresión de 60 mil hectáreas convergen mágicas e inigualables fisonomías naturales que el viento fue moldeando durante millones de años.
Por estos tiempos, más precisamente el próximo año, ese magnífico rincón del país cumplirá sus primeros 10 años como Patrimonio Natural de la Humanidad, título que le otorgó la UNESCO en el año 2000. El valle también avizora sus 40 años como Patrimonio Provincial, pero lejos está de necesitar uno u otro festejo para ser enaltecido y visitado.
Más conocido como Valle de la Luna, este Parque Provincial le debe sus particularidades a la fuerte erosión a la que estuvo sometido durante largos años. Por ella los relieves presentan diversos colores, y las rocas, formas llamativas, que dan lugar a un sitio que muchos dicen ver parecido a la superficie lunar. Los más observadores descubrirán en las barrancas un tono colorado, que quedó impregnado en ellas debido a fuertes caudales de óxido y que se combina a la perfección con los matices grises, pardos, ocres y verdes tan característicos de este valle desierto. Con los cerros Colorados y el cerro Los Rastros como guardaespaldas, Ischigualasto atesora llamativas geoformas de 180 y 230 millones de años, que los lugareños decidieron llamar Cerro Morado, el Gusano, el Valle Pintado, el Cementerio de Fósiles, la Cancha de Bochas, la Piedra Loca, la Foca, la Paloma, el Submarino, la Ventana, la Esfinge y la Lámpara de Aladino, entre otras maravillas.
Un dato curioso, en medio de tanta geografía, tiene que ver con el espectáculo, ya que los imponentes paisajes del valle fueron el telón de fondo de la superproducción de la película Highlander II, protagonizada por Christopher Lambert.

Pasado y presente
El nombre del parque, Ischigualasto, le debe su origen a las comunidades indígenas que lo habitaron hasta la llegada de los españoles; si bien aún no se sabe si nació entre los quechuas o los diaguitas, nadie discute su significado: “lugar donde se posa la luna”. Su marco lo dan bloques aislados verdosos y acantilados esparcidos en 200 metros de altura, columnas gigantescas y gargantas. Los vestigios de presencias prehistóricas son los que convierten el lugar en uno de los yacimientos paleontológicos más importantes del mundo.
Al caminarlo se descubrirán sedimentos pertenecientes al período geológico Triásico, al comienzo de la era Mesozoica: entre sus tesoros más representativos se encuentran varios testimonios tallados en piedra hace 1400 años, así como el privilegio de haber sido el sitio en donde se encontraron los restos de los reptiles que dieron origen a los mamíferos, así como del Eoraptor lunensis, uno de los dinosaurios más antiguos que se conocen, el cual se estima que vivió hace 230 millones de años.
El estudio de estas especies, así como el de los árboles petrificados que aún permanecen allí, ha enriquecido a la ciencia universal, que también ha sido testigo y partícipe del estudio de testimonios culturales del Parque Ischigualasto, como las inscripciones y dibujos en las rocas, puntas de flecha y otros elementos de piedra que tienen cerca de 1400 años de antigüedad.
Tal vez sea su historia, tal vez su belleza, pero más allá de cuál sea la causa, no hay quien no se quede deslumbrado, con la sensación de haber pisado un sitio mágico, en donde convergen la fuerza de lo imponente y la sensibilidad de la naturaleza.