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Deporte
“La gran fiesta del Dakar”
 
 
 
 
 

Por segundo año consecutivo, la Argentina y Chile recibieron al rally más duro del mundo. Fueron dieciséis días de velocidad, exigencia y emoción, en un espectáculo deportivo único. Aquí, las postales más destacadas y todo lo que no se vio del Dakar 2010.

Ya pasó el Dakar. El rally más intenso y exigente del mundo finalizó después de dos semanas de competencia y más de 9000 km de aventura entre la Argentina y Chile. Las majestuosas dunas y los recónditos caminos de ripio recuperan el sosiego habitual. Las señales de televisión retoman sus transmisiones de verano. Los miles de fanáticos guardan sus cámaras de fotos y los competidores ya disfrutan de unas merecidas vacaciones luego del arrollador desafío.
Ya pasó el Dakar. Pero las huellas de la tradicional prueba quedan marcadas en una tierra que adoptó a la competencia como propia y que la despide como el pueblo que despide al circo itinerante con la ilusión de volverlo a ver algún día.
Ya pasó el Dakar. Y bien vale la pena recordar los mejores momentos, las anécdotas, los récords y las cifras que dejó este acontecimiento único, que puso otra vez a Sudamérica en el centro del escenario deportivo internacional. ¿Quiere saberlo todo y más? ¡A leer se ha dicho, señores!
Y van… El Dakar 2010 fue la 31.o edición del certamen. Es la segunda vez consecutiva que se disputa en Sudamérica. El número de pilotos que gritaron presente ascendió a 385. El circuito comenzó y terminó en Buenos Aires. Cruzaron dos veces la cordillera de los Andes, por los pasos San Francisco y Cristo Redentor y se internaron en el desierto de Atacama.
Dakar 2009 versus Dakar 2010. Con respecto al año anterior, hubo algunas diferencias: el sentido del circuito fue invertido (se inició hacia el Norte para volver por el Sur). Las etapas se distribuyeron de manera equitativa entre la Argentina y Chile. No se recorrió la Patagonia, pero sí la provincia de San Juan.

Un recorrido más que arduo. El trazado de 2010 hizo honor a aquello de que el Dakar es el rally por excelencia, que hace sudar la gota gorda: ¿Puede usted creer que cerca de la mitad de los competidores no pudo terminar la carrera? De acuerdo con cifras provistas por la organización, fueron 189 los pilotos que pudieron sortear los más de 9000 km por los que se extendió la competencia (544 km menos que en la edición 2009). De 151 motocicletas que partieron, sólo llegaron 88; es decir, el 58,3%. En cuanto a los cuatriciclos, finalizaron 14 de los 25 que la iniciaron (56%), y entre los autos, apenas 57 de 134 que largaron el primer día (42,5 %). Por último, 28 camiones cruzaron la meta final de un total de 52 que aspiraban a ello (53,8 %). Los pilotos coincidieron en que las etapas más duras fueron la del desierto de Atacama (en Chile) y la de La Rioja-Fiambalá (en Argentina).

Los patrones del Dakar. Hubo una gran cantidad de participantes argentinos, pero todos los flashes se los llevaron los hermanos Marcos y Alejandro Patronelli. Los pilotos de Las Flores, provincia de Buenos Aires, lograron el primer y el segundo puesto en la categoría cuatriciclos. Pese a los encontronazos con la organización y a la dureza del recorrido, Marcos se convirtió en el primer argentino en ganar un Dakar. “Esto no tiene dimensión, es algo fenomenal. Estoy muy feliz. Llegar en un Dakar no es nada fácil”, describió entre lágrimas el crédito local en quads, ante las más de cincuenta mil personas que lo ovacionaron al llegar a la meta en su querida Buenos Aires.

La batalla Sainz-Nasser. Esta edición del Dakar será recordada por un duelo sin tregua en la punta de la categoría autos. El español Carlos Sainz y el quatarí Nasser Al-Attiyah, ambos a bordo de sendos Volkswagen Touareg, protagonizaron uno de los finales más reñidos que se hayan presenciado en la historia de la competencia. Finalmente, el madrileño se alzó con el primer puesto, con sólo dos minutos y doce segundos de ventaja sobre su tenaz perseguidor.

Fiesta nacional. Al igual que en el 2009, la comunión entre el público y el Dakar dejó impactados a los pilotos y organizadores europeos. Según cifras oficiales, cuatro millones de fanáticos se congregaron a la vera de las rutas y los caminos para ver pasar a sus ídolos. El cariño, la curiosidad y el fanatismo del público generaron un ambiente de fiesta nacional en cada provincia. Se calcula que trescientas mil personas estuvieron presentes en la largada simbólica en el Obelisco, en tanto que unos setecientos veinte mil mendocinos se movilizaron hacia las rutas durante los tres días que recibieron al rally. Vale recordar que una tragedia empañó la que hubiera sido una fiesta perfecta. La joven cordobesa Natalia Gallardo falleció cuando una camioneta se despistó y embistió contra el público, durante la primera etapa de competencia.

Una ventana al mundo. Las imágenes del rally se transmitieron en 189 países del planeta. Además, unos 200 medios se encargaron de seguir la competencia a lo largo de 16 días. Es decir que millones de personas pudieron disfrutar de los paisajes de siete provincias argentinas (Buenos Aires, Córdoba, La Rioja, Catamarca, San Juan, Mendoza y La Pampa) y de cinco regiones chilenas (Copiapó, Antofagasta, Iquique, La Serena y Santiago de Chile). En términos de difusión, eso implica una gran oportunidad para posicionar a la Argentina y a Chile como destinos turísticos.

De Tucumán al mundo
El piloto tucumano Rodolfo Bollero debutó en el Dakar con un equipo formado por familiares y amigos. Sin la experiencia ni los presupuestos millonarios de los equipos oficiales, logró ser el mejor argentino en motos. Un sueño alcanzado a puro esfuerzo.

Entre el abanico de historias que dejó el Dakar 2010, la del tucumano Rodolfo Bollero (38 años) es, quizás, una de las más inspiradoras y sorpresivas. Sin la estructura ni el apoyo económico de los equipos profesionales, pero con el sacrificio de su familia y un espíritu inquebrantable, este piloto de motos logró lo que parecía imposible: completó la odisea de los 9000 km en su primera experiencia en el rally más riguroso del mundo. Y no sólo eso: al alcanzar el puesto número 31, se transformó en el mejor argentino en su categoría.
“Es un honor y una bendición haber participado en el Dakar. ¡Increíble!”, confiesa Bollero, ya con la tranquilidad del deber cumplido. “Esto es un premio al esfuerzo realizado durante todo el año, al trabajo en equipo, a las horas de entrenamiento”, sostiene este empresario nacido en San Miguel de Tucumán, que fue campeón argentino de Enduro durante la década de los noventa y multicampeón regional, pero que hacía más de cinco años que no competía. Bollero superó, literalmente, todos los obstáculos hasta alcanzar la gloria, a bordo de su moto KTM 450.

–Estabas casi retirado del motociclismo. ¿Cómo surgió la idea de embarcarte en un desafío tan exigente como el Dakar?
–El verano pasado, veníamos viajando con mi familia desde Pinamar. Yo sólo había visto el Dakar por televisión y nos cruzamos con algunas motos que volvían a Buenos Aires. Ahí, mi señora me dijo que sería bueno que yo corriera… ¡y así nació el proyecto! Empecé a prepararme física y psicológicamente. El Dakar no es una carrera individualista: es tan importante la tarea del piloto durante el recorrido, como la coordinación y el trabajo del equipo durante toda la competencia. Armamos un grupo de diez personas, incluidos mis dos hijos y mi señora.

–¿Cuáles eran tus expectativas?
–Mi objetivo era dar la vuelta completa y llegar a Buenos Aires. Finalmente, el premio que tuvimos fue haber salido como el mejor argentino en motos. Es un sueño, porque existe una diferencia abismal entre un equipo independiente y uno oficial. Me refiero al apoyo económico y logístico. Un piloto profesional termina la carrera y se va a descansar a un hotel (además de correr con camiones de asistencia que lo siguen en todas las etapas). En cambio, lo nuestro fue todo a pulmón.

–¿Cómo era un día tuyo durante la competencia?
–Arrancaba a las cuatro de la mañana. Mi señora me preparaba fideos con crema, café con leche, tostadas y una banana. A las cuatro y media, me llevaban al vivouac a retirar la moto, y las etapas largaban alrededor de las seis o las siete. Volvía a eso de las cinco de la tarde, otra vez al vivouac, donde me recibía el fisioterapeuta que me hacía sesiones de oxígenoterapia. Luego, a cenar y, a las ocho de la noche, a dormir. El resto del equipo se quedaba hasta las doce de la noche para acondicionar la moto, por lo que sólo acumulaban de tres a cuatro horas de sueño. A la mañana, había que levantar campamento y viajar seiscientos kilómetros hasta el nuevo destino y volver a armar todo.

–¿En qué etapa comenzaste a sentir el desgaste de la competencia?
–Yo tenía experiencia en Enduro, pero las carreras se extienden durantes tres horas y corrés una vez por mes. En el Dakar corría una carrera diaria, de entre ocho y diez horas, durante quince días. Ya en las primeras etapas me preguntaba: “¿Qué hago acá? ¿Para qué vine?”. Psicológicamente es muy duro, pero mi familia me daba el aliento para seguir. La etapa más complicada fue la de La Rioja-Fiambalá: la temperatura era altísima. Calculo que, con el traje, superaba los cincuenta grados. El piso estaba raro, con arena muy movida y viento caliente.

–¿Cuándo te diste cuenta de que, realmente, podías terminar el Dakar?
–¿Te cuento una anécdota? En una de las primeras largadas, me pasaron varias motos y un piloto extranjero, de mucha experiencia, me dijo: “En unas horas vas a ser vos el que los pase a ellos”. Y así fue: yo me preocupaba por hacer las cosas prolijamente (no romper la moto, por ejemplo) y, al final del día, siempre llegaba mejor posicionado que ellos. Encaraba las etapas de menor a mayor. Iba tranquilo y después aumentaba la exigencia.
Bollero está orgulloso. “En el Dakar, pasé de ser Rodolfo Bollero a ser conocido como el ‘Tucumano Bollero’. Pude representar a mi provincia en el mundo”, concluye feliz.