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“Todos para uno...”

 
Coworking desde la universidad
En relación con el coworking y siguiendo este concepto, la Universidad Argentina de la Empresa (UADE) creó, en este 2010, dos espacios gratuitos llamados “UADE Business Centers”. ¿Qué es lo que ofrecen a los profe- sionales? Oficinas equipadas con tecnología de avanzada y una sala de reuniones para que puedan utilizarlas libremente, de acuerdo con sus propios fines profesionales (realizar reuniones de trabajo, jornadas de capacitación, desarrollo de emprendimientos, networking, estudio, etcétera).
Allí, tienen a disposición PC, teléfonos, fax, impresoras, proyectores y pan- tallas, entre otros utilitarios. De ese modo, las instalaciones se adaptan tanto a los egresados que dan sus pri- meros pasos en la vida profesional como a aquellos que incursionan en el mercado con mayor experiencia y trayectoria. En definitiva, son equipamientos muy similares a los que podemos encontrar en los sitios de coworking en la Argentina. *Por Rubén Barasch, director de la licenciatura en Recursos Humanos de la Universidad Argentina de la Empresa (UADE).
Ventajas del coworking
•El compartir un espacio puede aportar nuevas ideas y conocimientos.
El ser humano suele ser más creativo en grupo. Favorece las brainstorming.
•En el hogar, las distracciones afloran con mayor facilidad. En las oficinas compartidas, uno se aleja de su entorno familiar para abocarse de lleno a la actividad laboral. Los quehaceres se resuelven mejor y con mayor prontitud.
•Económico: siempre será más rentable aportar a una oficina compartida que afrontar en soledad un alquiler para un espacio propio.
•Uno puede despreocuparse por atender cuestiones como la limpieza del lugar o el pago de las facturas de luz, de gas, de teléfono, etcétera.

Radiografías de las oficinas compartidas
En la actualidad, cada vez son más los lugares que ofrecen coworking (o, mejor dicho, esto de lograr separar la vida personal de la profesional y ser parte de una comunidad de profesionales).
•Todos estos espacios cuentan con un escritorio propio, con conexión a Internet y con una sala de reuniones totalmente equipada. Además, están diseñados para que cada miembro haga uso de su propia notebook/laptop, ya que se considera que es el modo más flexible de trabajo.
•Las tarifas de quienes ofrecen este servicio se ajustan a las necesidades del consumidor (hay facilidades de pago).
•“¿Mantengo mi privacidad?”, suele ser uno de las dudas que se plantean quienes se inician en esta aventura. El objetivo es compartir el cuarto y que uno se pueda integrar al ambiente de trabajo con otras personas. De cualquier manera, existen espacios más íntimos.
•Las oficinas suelen funcionar de lunes a viernes –en los horarios que suelen funcionar las oficinas–, y el promedio de edad de los trabajadores es de treinta años. ¿Las nacionalidades? De las más diversas.
•Contratos de alquiler: son estándares y no obligan a ningún tiempo mínimo de permanencia. Las cláusulas de convivencia son mínimas y razonables.
Fuentes: www.coworkcentral.com y coworkingbuenosaires
.com
 

El coworking cada vez gana más adeptos. Una tendencia en la que los trabajadores freelance alquilan oficinas junto a profesionales de diferentes áreas, con el fin de compartir gastos, ideas, conocimientos y contactos. Entretelones de un fenómeno mundial que desembarca en la Argentina.

De casa al trabajo y del trabajo a casa”. Aquel viejo refrán es historia. El progreso dinamitó hasta esas máximas que adoptó el inconsciente popular, independientemente de las inclinaciones partidarias de cada individuo.
Hoy, en la mesa de un bar cualquiera, Juancito se agarra un malhumor de aquellos por trabajar bajo relación de dependencia y no gozar del tiempo suficiente para ir al dentista o terminar con el bendito trámite bancario. “¡¿Cuándo?! ¡Si estoy en la oficina de 9 a 18!”, se queja y refunfuña. Pobre.
Pedrito, desde la otra punta del café, no se queda atrás. Él trabaja desde el living de su casa (freelance, que le dicen), pero también levanta la voz, ya que su ejercicio laboral, entre las cuatro cálidas paredes de su hogar, no lo reconforta como lo había imaginado. “Me cuesta concentrarme: vuela una mosca y me distraigo. Manejar los horarios a mi antojo me complicó aún más los planes”, confiesa resignado.
A Juancito y a Pedrito parece no haber nada que les venga bien. “Están como la gata Flora”, los acusaría un amante del lunfardo. Pero la vida tiene una gama de grises y matices, donde el punto medio es amo y señor. Y allí mete la cola el coworking… por qué no, la salvación de Juancito y Pedrito.
Se trata de una tendencia moderna que se da, cada vez con más fuerza, dentro del ámbito laboral. El cotrabajo –en su versión en castellano– permite que la persona trabaje individualmente, pero dentro de un ambiente compartido, donde puede intercambiar conocimientos (know how) con profesionales de diferentes áreas. Traducido: incita la colaboración en comunidad y el networking.
“El coworking es un espacio donde el profesional independiente puede realizar su actividad tanto en forma permanente como eventual”, explica Rubén Barasch, director de la licenciatura en Recursos Humanos de la Universidad Argentina de la Empresa (UADE). “Es el concepto de ‘oficina compartida’: una persona puede concurrir a ella por una hora, un día, una semana o un mes, y encontrará un lugar agradable para trabajar, con todos los servicios”.
Pablo Molouny, gerente general de Trabajando.com (Argentina), la bolsa de trabajo y ofertas de empleo online en Iberoamérica, cuenta que el coworking surgió en los Estados Unidos, en consonancia con el auge del ya mencionado networking. “En un período muy breve, se expandió por el Reino Unido, Francia, España, Alemania y Australia. Día a día, se está instalando en la Argentina como una alternativa para quienes no poseen los recursos para alquilar una oficina propia, para los que viajan constantemente y no tienen permanencia fija en la ciudad o para aquellos que precisan compañía para motivarse y trabajar –ahonda el especialista–. Emerge como una necesidad de quienes, a raíz de las últimas tecnologías, trabajan freelance o desde sus casas, pero no consiguen crear en su hogar un lugar adecuado para abocarse al trabajo. Las oficinas coworking proveen un entorno cálido y relajado, en el que profesionales de distintos ámbitos pueden compartir un espacio laboral, con más flexibilidad horaria que en un trabajo común y corriente. Pero, ojo, el ambiente descontracturado no significa disminuir la productividad en pos de la diversión. Todo lo contrario, es tan o más estimulante que cualquier otro espacio, ya que es el mismo trabajador quien lo elige”.
El coworking ofrece a sus usuarios el alquiler de escritorios personales, Wi-Fi, sistema de teléfono voz sobre IP, impresión y proyección inalámbrica, lockers con llave, recepcionista, salas de reuniones con servicio de cafetería, cocina y un living con sillones donde distenderse. Esta iniciativa deja atrás a la típica oficina estructurada y presenta construcciones funcionales, flexibles, pintorescas y diseñadas para fomentar el confort y el relax. “Es clave saber buscar, dentro de la oferta inmobiliaria, el lugar que mejor se adapte a nuestra idiosincrasia y necesidades. Y algo esencial para el profesional independiente: ¡minimizar los costos fijos!”, exclama Barasch.
El éxito de esta práctica devino de los profesionales extranjeros, quienes, al estar de paso, se vieron forzados a conseguir una oficina transitoria. “Luego, se sumaron al listado los diseñadores, los publicistas, los productores de música, los programadores, los escritores, los arquitectos y los periodistas, entre otros”, aporta Molouny, y prosigue: “La clave del coworking consta de tres palabras: flexibilidad, comodidad y contactos. Quienes quieran dar los primeros pasos en esto, tienen que hacer un culto a la paciencia. No es fácil compartir el sector de trabajo con otras personas. Pero la propuesta es muy innovadora y hay que aprovechar las oportunidades de convivir con otros profesionales. ¿Para qué? Para aprender y nutrirse de ellos, para intercambiar experiencias y para incrementar una agenda de relaciones que pueda dar sus frutos en el futuro”.

¿Cambio de paradigma?
Tal vez, el coworking sea la manifestación acabada de que ciertas clásicas costumbres laborales están sucumbiendo. ¿Se viene un golpe de timón en el campo del trabajo? “La relación de dependencia, por ejemplo, está perdiendo peso frente a la proporción de personas que se dedican a la actividad independiente”, grafica y sentencia Barasch. “¿Pero por qué esta situación acontece? Porque las empresas cada vez tercerizan más sus quehaceres no esenciales, concentrándose en el ‘core’ del negocio y, a su vez, disminuyendo sus costos fijos. En consecuencia, hay una mayor necesidad de dar servicios a esas empresas desde el afuera”.
Por su parte, Molouny coincide con Barasch en cuanto a que las tradicionales reglas laborales están experimentando un giro un tanto inédito. Y profundiza el concepto: “El mundo está conectado a través de Internet y eso facilita que los trabajadores puedan hacer de cualquier ambiente una oficina... ¡sin la obligación de trasladarse! La implementación del coworking demuestra que la población necesita trabajar para vivir y no vivir para trabajar. Para evitar malos tragos, como el estrés, es aconsejable contar con horarios laxos y con un clima armónico. Un empleado que trabaja cómodo y contento será mucho más eficiente que otro que lo hace en condiciones no deseadas”.
En la Argentina, aún no se registran cifras oficiales que ilustren el impacto del coworking por estas tierras, pero los expertos constatan que son cada vez más las inmobiliarias que convidan este servicio. Digamos que la ecuación es simple y clara: a mayor cantidad de profesionales independientes, mayor demanda por este tipo de espacios.
Los defensores de esta tendencia concuerdan en que los trabajadores se mueven en un escenario que les posibilita otorgar cierta conducta a sus actividades. En las oficinas compartidas, la mente parece tomar alas, el estrés es un enemigo desconocido y las ganas, aunque parezca mentira, pueden adueñarse de la jornada laboral.
“En la actualidad, son cada vez más frecuentes las urgencias de viajar por asuntos de negocios, lo que implica el requisito de contar con sitios aptos para emprender nuestras tareas en otras ciudades. Hallarlos rápidamente y a un costo accesible es una de las grandes ventajas del coworking”, sostiene Barasch.
La Gestalt, escuela psicológica que surgió a principios del siglo XX en Alemania y que tenía entre sus exponentes más destacados a los teóricos Max Wertheimer, Wolfgang Köhler, Kurt Koffka y Kurt Lewin, defendía aquello de que “el todo es más que la suma de las partes”. El coworking comulga con este axioma: el fogonear el aumento de las sinergias entre profesionales de diversas áreas.
“La única desventaja, amén de dispensar cierta suma de dinero para pagar un alquiler, es el riesgo de no alcanzar una sana convivencia. A veces, al ser humano no le resulta sencillo el hecho de compartir. Pero la competencia tiende a aparecer cuando los trabajadores pertenecen a la misma rama. Si consideramos que el coworking apunta exactamente a lo contrario, y al hecho de poder optar por el sitio en donde uno desea trabajar y en donde uno sospecha que se concentrará y abrazará sus logros… ¿Qué mejor?”, cierra Molouny.
Seguramente, el mismo pensamiento se entrometió en la visionaria mente de Brad Neuberg, un joven programador de San Francisco (Estados Unidos), algo así como el “padre” del coworking: “Un empleo fijo me da cierta estructura y pertenencia a un grupo, pero siendo freelance tengo libertad de horarios e independencia. ¿Por qué no puedo tener las dos cosas a la vez?”. Esa es la cuestión.

 
Por: Mariano Petrucci.
Foto de apertura: Other Images.