Señorita, señorita, mire para acá”. “Para este lado”. “¡Una sonrisa, por favor!”. Sus manos temblaban y su corazón palpitaba. Más de dos mil fotógrafos y periodistas estaban ávidos por capturar la imagen de su paso por la alfombra roja en el Festival de Cannes. Todos se preguntaban quién era la desconocida coprotagonista del español Javier Bardem en Biutiful, la última película de Alejandro González Iñárritu.
El nuevo rostro que despertó curiosidad es el de la argentina Maricel Álvarez, una actriz formada en el teatro independiente y que, tras una serie de exhaustivos castings, deslumbró al director mexicano y así pudo interpretar a Marambra, una mujer con un gran desorden emocional.
“Maricel es una actriz de una artesanía muy difícil de encontrar en este Planeta. Cuando la puse delante de la cámara y vi las imágenes, tuve piel de gallina y mis ojos lagrimeaban. Fue pura alquimia. Ella trajo el peligro y la ternura necesarios para el personaje”, fueron las palabras que utilizó Iñárritu para describir el trabajo de Maricel.
Recién llegada de Francia, experiencia que enfrentó con mucha alegría y a la que describe como un tsunami, la actriz está satisfecha con el papel que le tocó interpretar. La última sorpresa fue hace unos días, cuando le comunicaron que había ganado el premio Ischia Art Award a la mejor interpretación, en el Festival de Cine de Ischia, Italia. Este premio fue otorgado en otras oportunidades a reconocidísimos actores como Naomi Watts, Hilary Swank, Ben Kingsley o Gael García Bernal.
–¿Cómo empezó esta historia, cómo te descubrieron?
–Todo fue muy inesperado. La selección duró menos de una semana. Javier Braier, un director de casting, me llamó por teléfono tras haberme visto actuar en una obra en el Teatro San Martín. Después de tres intensas pruebas, recibí el llamado de Alejandro (el director) que me pedía que viajara a Barcelona para conocer al protagonista de la película, Javier Bardem. Todo sucedió como una épica moderna, porque yo tenía diversos compromisos laborales acá y tuve que tomarme un avión, ensayar nueve horas y media con Javier en Barcelona y regresar enseguida a Buenos Aires.
–Con el tiempo tan justo, ¿cómo fue el encuentro con Iñárritu y Javier Bardem?
–Cuando llegué a Barcelona nos encerramos en un estudio y trabajamos los tres en la más estricta intimidad. Me encontré en un ámbito muy profesional y con dos hombres encantadores. Todo lo negativo que había vivido en el viaje se disolvió al minuto uno. Fue una situación muy distendida y provechosa.
–Iñárritu mencionó que tu personaje fue uno de los más complejos de escribir. ¿Cómo lo definirías?
–Marambra es la esposa del personaje que interpreta Javier Bardem. Es la madre de sus dos hijos a los que ama y descuida al mismo tiempo por la enfermedad que padece. Ella es bipolar, una patología que va desde la más extrema euforia hasta la más profunda depresión. Es un personaje que puede caer simpatiquísimo o muy mal.
–¿De qué manera te preparaste para abordar un personaje tan complejo?
–Tuve muy poco tiempo para prepararlo porque fui la última en entrar al equipo. Ensayamos con Javier todo lo que pudimos porque él también tenía mucho trabajo. Tuvimos larguísimas tertulias con Alejandro para no entrarle al personaje desde el temor y no tenerle miedo al trabajo en el cine.
–¿De qué trata Biutiful?
–Toca muchos temas. Una sociedad que está enferma; la explotación del hombre por el hombre aun con buenas intenciones; las nacionalidades y las fronteras que se convierten en barreras y que impiden a las personas comunicarse entre sí. Y pone en tensión el concepto de belleza. Por eso, la película se llama Biutiful –hermoso en español– y la palabra está mal escrita. El vínculo entre padres e hijos y la imagen que les dejamos cuando desaparecemos es otro de los temas.
–¿Eso último es algo que le preocupa al personaje de Javier Bardem (quien obtuvo un premio en Cannes por su interpretación)?
–Su personaje es Uxbal, el esposo de Marambra, un hombre que está enfermo y vive atormentado porque no conoce a su padre, pero trata de conciliarse con el amor. Además, él cuida a sus dos hijos y es consciente de que se va a morir y los va a dejar solos.
–¿Y las escenas con Bardem?
–Fue un rodaje de lo más intenso porque ninguno de los dos es inocente. Javier es un hombre que ve el mundo de una manera intensa y muy poco complaciente. Está al tanto de que es un mundo que está habitado por el dolor y siempre está dispuesto a meterse de lleno en los personajes.
–¿Cómo dirige Alejandro González Iñárritu?
–Es un director muy presente y comunicativo, y su presencia no es invasiva. Uno de sus talentos es exprimir a las personas en todas sus potencialidades. No se cansaba de pedirnos a Javier y a mí que trabajáramos a corazón abierto y aseguraba que él iba a ser el cirujano. Nos exigía entregarnos al máximo, aunque implicara un trabajo emocional agotador.
–¿Fue muy exigente?
–Su aspiración es sacar lo mejor de cada actor y buscar la excelencia artística. Es obsesivo y puede ponerse redundante, pero yo estaba muy agradecida porque cada toma era un ensayo y una manera de aprender el trabajo frente a la cámara. Uno se recupera de las horas de rodaje, del cansancio, incluso de los males humores, pero no te recuperás nunca de una actuación de la que no estés orgulloso.
–¿Y tu vínculo con Javier Bardem?
–Me resultó una persona entrañable, respetuosa y generosa, que me ayudó mucho porque nos tocaron escenas muy duras. A pesar de su fama, es una persona que no pierde el Norte, tiene su libido bien puesta, se concentra en el trabajo y no se pone por delante de nadie. No me encontré con un prócer, sino con un actor de carne y hueso.
–¿Las jornadas de filmación fueron eternas?
–Las jornadas de cine son de diez horas, pero Alejandro no tuvo reparos en hacer horas extras. En el set había una camaradería y un espíritu de celebración constantes. Yo creo que Alejandro genera mucha mística porque él ejerce su profesión desde un lugar amoroso y erótico. Por ejemplo, al comienzo del rodaje hubo una preciosísima celebración que también se repitió al final, nos entregó una rosa a cada miembro del equipo.
–¿Cuáles son las diferencias entre trabajar en el teatro off y hacerlo en una filmación internacional?
–Pareciera que no tienen un punto de encuentro. Sin embargo, tienen muchísimas coincidencias: el espíritu de cuerpo, la comunión con los compañeros y el trabajo en equipo. Una de las cosas que a mí me sirvieron mucho fue filmar la película en orden cronológico, en locaciones reales y rodar infinita cantidad de tomas.
–¿Te generó alguna reticencia entrar en el circuito del cine?
–Uno siempre tiene cierta reticencia a transitar espacios desconocidos y que son de mucha exposición. Pero cuando leí los libretos para audicionar supe que era un personaje delicioso y que representaba un gran desafío. Mi personaje está fuera del marco de la normalidad. Había que ponerle el cuerpo a una mujer que no responde a ningún canon ni de belleza ni de conducta social. Y creo que Alejandro buscó eso en mí, una actriz totalmente fuera del circuito, con una expresividad o una belleza fuera de lo normal.
–¿Qué sentiste al ver la película?
–Me di cuenta cuánto compensa un trabajo bien hecho. Cuando vi la película como espectadora, entendí el fenómeno del cine y sentí que había valido la pena estar fuera de casa cinco meses.
–Biutiful tuvo buenas y malas críticas…
–Lo interesante es que la película gustó por los mismos motivos por los que no gustó. A mí me parece fantástico que una obra de arte genere dialéctica y discusión. Cuando esto sucede, los artistas estamos en nuestra salsa.
–¿Mantenés contacto con Bardem e Iñárritu?
–Como el filme tardó muchísimo en estrenarse, nos mantuvo en permanente intercambio epistolar de todo tipo y color. Además, el compartir momentos entrañables, como fue la Navidad con la familia de Alejandro, hace que los vínculos salgan fortalecidos.
–¿Tenés nuevas propuestas?
–Existen un montón de intenciones y de rumores. Está en mí ver a cuáles de esas intenciones les doy cabida. Hay que escuchar, leer e investigar. El personaje de Biutiful era un diamante en bruto y sería bueno seguir en esta línea.
–¿Se puede vivir bien del teatro independiente?
–Sí, se puede vivir dignamente. Yo no sólo hago teatro, hago producción de espectáculos para proyectarlos en el extranjero, y doy clases, entre otras actividades.
–¿Cuáles son tus próximos proyectos?
–Además de acompañar el estreno de Biutiful por México y el resto de los países, en dos meses estrenaré un nuevo espectáculo basado en una obra de Gerturde Stein y sigo de gira con Dolor Exquisito. También, tengo una propuesta para actuar en una ópera del Colón. |