Entrevista


Tenemos exceso de confianza


Por Dolores Gallo.


“Tenemos exceso de confianza”
El estadounidense Richard Thaler es un precursor en analizar la economía a través de la psicología y los comportamientos de las personas. Cómo piensa el flamante Nobel de Economía.

Si tiene problemas para mantener su economía doméstica y ahorrar, para cumplir con su plan de ejercicios o hacer dieta, no se altere. No está solo. Todos nos portamos mal, sobre todo si comparamos nuestro accionar con un ideal de decisiones optimizadas, que, en rigor, son impracticables. Este concepto es uno de los tantos que acuñó Richard Thaler y que le valieron, recientemente, quedarse con el Premio Nobel de Economía. El comité del famoso galardón explicó el porqué de la distinción, y sirve repasar esas palabras, ya que definen de pies a cabeza al estadounidense de 72 años: “Sus trabajos construyeron un puente entre el análisis económico y psicológico de la toma de decisiones por parte de los individuos, explorando cómo la racionalidad limitada, las preferencias sociales y la falta de autocontrol afectan tanto a los individuos como los mercados”.

Quien empezó a llamar la atención, a fines de los noventa, con su columna “Anomalías” en el Journal of Economic Perspectives, desempeñó un papel crucial en el desarrollo de lo que se denomina “economía del comportamiento” o “psicología económica”, aportando cimientos empíricos y conceptuales en este campo. Lo hizo desde su inteligencia, pero también con sus dotes de divulgador histriónico y carismático, como cuando participó de la película La gran apuesta –junto a Christian Bale, Steve Carell, Brad Pitt, Ryan Gosling y Selena Gómez– para ahondar en las razones que condujeron a la crisis económica mundial.

Es que el autor de best sellers como Todo lo que he aprendido con la psicología económica y Misbehaving: The Making of Behavioral Economics, siempre intentó darle una vuelta de tuerca a lo preestablecido. Sus conocidos todavía recuerdan que cuando era profesor pidió dejar de puntuar los exámenes de 0 a 100 (lo que daba una media de 70) para pasar a hacerlo de 0 a 127 (la media se elevó a 90). La nota era la misma, pero la alegría de sus estudiantes era diferente.   

Otra de sus célebres anomalías es el efecto posesión: o sea, damos más valor a un objeto si ya es nuestro que cuando estamos analizando si lo compramos o no. A la vez, nos duele más tener que soportar un gasto que dejar de percibir un ingreso (aunque el resultado en nuestra finanzas no varíe), nos pesa más pagar un recargo que la satisfacción de obtener un beneficio por un descuento… Y la lista sigue. 

En el libro Un pequeño empujón (Nudge), Thaler expuso su teoría constitutiva: el hecho de que seamos más conscientes e intentemos aplicar medidas correctivas que, a largo plazo, no solo pueden hacer mucho por nuestras finanzas, sino hasta por nuestra salud y nuestra calidad de vida en general. 

“La psicología económica, o economía conductual, se refiere a una manera de hacer economía utilizando los descubrimientos de la ciencia del comportamiento, especialmente la psicología, para enriquecer el modelo de los agentes económicos. La teoría económica estándar asume que la gente es extremadamente inteligente, que es versada en temas financieros, que no tiene problemas de autocontrol y que le importa poco el bienestar de los otros. Yo llamo a esas criaturas míticas los ‘Econs’. En lugar de centrarse en ellos, la economía conductual estudia seres humanos, que tienen problemas para evaluar una hipoteca, que luchan por ahorrar para la jubilación o para seguir una dieta, pero, a pesar de ello, donan dinero a obras benéficas”, resume quien en la actualidad se desempeña como profesor en la Universidad de Chicago Booth y colabora con el National Bureau of Economic Research.

– ¿Qué atraviesa nuestras decisiones económicas?
–La respuesta consta de una sola palabra: todo. Nos influyen cosas que deberíamos considerar irrelevantes –por ejemplo, no terminar un postre sustancioso en un restaurante solo porque lo hemos pagado– e ignoramos factores importantes. 

–Uno de sus libros habla de “portarse mal”. 
–Hago referencia al hecho de que nos portamos mal si lo parangonamos con el modelo idealizado que dicta la economía estándar. Los “Econs” nunca sufren una resaca, ¡pero los seres humanos muchas veces sí! ¿Qué significa esto? Que la gente se comporta erróneamente si utilizamos la definición de los economistas tradicionales en cuanto a “portarse bien”. De esta forma, dejar una propina en un restaurante al que no volveremos sería “portarse mal”, aunque la mayoría de la gente tildaría esa conducta de correcta. 

– ¿Cuáles son las consecuencias de los “Econs”?
–Asumir que todos somos “Econs” lleva a los economistas a realizar predicciones equivocadas y a perder oportunidades de generar mejores medidas. Por ejemplo, consideran que al dejar a los “Econs” tomar sus propias decisiones, ahorrarán lo suficiente para la vejez; por lo tanto, no hay necesidad de ayudarlos. Pero los seres humanos luchamos contra este tema, posponiendo el ahorro al día de mañana. Por eso, los economistas conductuales se dedicaron a facilitar el tema de ahorrar con medidas como la “inscripción automática”. En este régimen, los trabajadores son inscriptos en el plan de pensión, a menos que opten por lo contrario. 
Clave: ser consciente
“Los modelos tradicionales suponen que siempre tomamos la decisión mejor para nosotros, que lo único que nos hace felices es nuestro propio interés, o que nuestras creencias y opiniones no están sesgadas. Son modelos que no son todo lo realistas que debieran ser. Los seres humanos nos equivocamos sistemáticamente, porque tendemos a darle más peso al presente en nuestras decisiones. Preferimos comprar algo que nos satisfaga hoy frente a una ganancia futura. Y ahí fallamos. El quid de la cuestión está en comprender por qué nos pasa eso”, plantea quien fue colaborador de Daniel Kahneman (Premio Nobel de Literatura 2002), tiene como referentes a Adam Smith y John Keynes, y reivindica a Vilfredo Pareto. 

 – ¿Cuáles son nuestras principales debilidades, responsables de nuestras malas determinaciones?
–Muchísimas. Mencionaré tres. La primera, el exceso de confianza: casi todo el mundo cree que está por encima de la media en muchas tareas, desde manejar hasta contar chistes. Esta autosuficiencia implica que, a menudo, nos llevemos sorpresas desagradables. Segundo, el autocontrol: comemos de más, hacemos poco ejercicio, y, en general, dejamos todo para último momento. Si alguien te dice que un proyecto le llevará seis meses, habrá que calcular por lo menos doce. 

– ¿Y por último? 
–Aversión a la pérdida: somos el doble de sensibles a las pérdidas que a las ganancias. Esto hace que seamos excesivamente renuentes a asumir riesgos. Tenemos una tendencia a mantener el statu quo. Nos quedamos con lo que tenemos porque no queremos renunciar a nada, aunque cambiar implique, posiblemente, mejorar, subir un escalón. 

– ¿Manejar datos podría contribuir a que hiciéramos mejores elecciones? 
–Hace tiempo que postulo que los consumidores tienen derecho a acceder a sus propios datos de uso, por ejemplo los de las compañías telefónicas. Es difícil escoger el plan que mejor se ajusta a nuestras necesidades si no sabemos a ciencia cierta cómo hemos estado utilizando nuestros dispositivos. Además, esto puede favorecer a la competencia al impulsar que la gente cambie de proveedor. En el Reino Unido, por citar un caso, aprobaron una regulación que obliga a los bancos a facilitar el traspaso de los pagos automáticos a una nueva entidad. Esto hizo que los bancos tuvieran que esforzarse por mantener a sus clientes.

–Ser consciente de todo esto, ¿cómo puede ayudarnos?
–El solo hecho de saberlo es un excelente puntapié inicial para tomar mejores decisiones. Mi mujer me ayuda a reducir mi tendencia al exceso de confianza preguntándome constantemente: “¿Estás seguro?”. Si uno es consciente de que tiene un problema de autocontrol, puede idear una estrategia para comprometerse con un plan de acción que no le dé la oportunidad de salteárselo. Por ejemplo, que el dinero se retenga automáticamente del sueldo antes de poder gastarlo. O sacar un turno en el gimnasio, lo que hará más probable que uno vaya. Y es fundamental llevar un registro: la última vez que decidí que debía hacer deporte con más regularidad, de inmediato comencé a anotar en una pequeña libreta cada vez que hacía ejercicio. De esta manera, por un lado, podía ver mi progreso y, por el otro, era evidente si había faltado algún día.

– ¿Algún otro consejo?
–Vayamos a uno económico, que es lo que nos compete. Para aquellos que quieran ahorrar más, una buena estrategia es tener un control de todos los gastos del mes, para después chequear qué podríamos recortar del presupuesto.
Derroche de simpatía
Richard Thaler ya confirmó que estará presente en la ceremonia que se llevará a cabo en diciembre, en Estocolmo, donde recibirá el Premio Nobel de Economía. En la conferencia posterior al anuncio declaró: “Para hacer una buena economía, hay que tener en cuenta que la gente es humana”. También contó cómo recibió la noticia: “Estaba muy dormido cuando llegó la llamada desde Suecia. ¡Eran las cuatro de la mañana! Mi mujer me pidió que no se lo contase a nadie en ese momento… ¿Pero a quién iba a encontrar despierto a esa hora?”. Siguiendo con el tono jocoso, reveló qué hará con el millón de dólares que le otorgarán (amén de una medalla de oro y un diploma): “Intentaré gastarlo de la forma más irracional posible”. Genio y figura.

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